Sí importa que siempre maten a la lesbiana

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El dato:

Noviembre, 2016. 

En lo que va de año ya han muerto 22 personajes lésbicos en la televisión. 

A mes y medio de que acabe 2016, esta es la desmoralizante cifra de personajes femeninos homosexuales que ya no volverán a la parrilla televisiva.

Algunos me llamarán exagerada o tremendista por hacer una entrada en mi blog para quejarme de la ojeriza que nos tienen los guionistas. A los que piensen que está de más, quiero que se planteen un escenario. Que cambiemos un poco el dato. Imaginemos por un segundo que no fueran lesbianas de lo que estamos hablando. Que esas 22 muertes correspondieran, por ejemplo, a madres de familia. Y que fuera una constante. Año tras año, los guionistas matan a personajes ficticios que representan a la abnegada madre de una familia nuclear. ¿Qué ocurriría si así fuera? Pues, muy probablemente, que tendríamos a varios colectivos de madres enfurecidos, agitando sus banderas, quejándose por este sistemático ensañamiento. Tacharían a los guionistas de machistas, patriarcales, de enemigos de la familia. Les exigirían que dieran ejemplo y dejaran de atentar contra la figura de la madre tradicional. ¿No lo crees así? Bueno, entonces quizá es que no conoces a las temidas OneMillionMoms, encargadas de vigilar y denunciar cualquier atropello televisivo (siempre según ellas) contra la familia nuclear.

Pero aquí es adonde quería llegar. Porque la televisión sí importa. La televisión es el medio de comunicación que más influencia tiene en nuestra sociedad. Hay gente que se deja influenciar por todo lo que ven en la pequeña pantalla. Copian la moda de actores y presentadores, compran los productos que allí se anuncian e imitan los comportamientos de quienes aparecen en ella. Construyen, en definitiva, sus referentes en torno a todo lo que se emite en televisión. Y por eso existen tantas normativas reguladoras de este medio audiovisual, tales como medir los minutos que debe durar la publicidad, censurar contenidos o regular el horario en el que se emiten ciertos programas para no dañar la influenciable mente infantil. Por supuesto, también existen Asociaciones de Telespectadores que vigilan a las cadenas televisivas para que los televidentes podamos ejercer nuestros derechos como ciudadanos y estemos representados de alguna manera. Estas asociaciones son las que han interpuesto diferentes denuncias contra programas de contenido dudoso, como Mujeres, Hombres y Viceversa, por promover el machismo o hacer incluso apología de la violación.

Sin embargo, es curioso, porque nadie parecer ver extraño o desproporcionado si de manera continuada los guionistas asesinan al personaje lésbico, convirtiendo en un verdadero viacrucis interpretar a una lesbiana en la pequeña pantalla.

Yo no sé qué mensaje se está enviando a nuestra sociedad con esta práctica (¿que la lesbiana no cuenta? ¿que es prescindible? ¿que pueden matarla cuando las audiencias caigan?), pero como mínimo el mensaje que cala en las mentes de los telespectadores es que ser lesbiana no conduce a nada bueno.

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Ahora es cuando el lector de este blog me llama exagerada. Me dice que esas 22 muertes no son nada. Que en televisión se matan negros, blancos, asiáticos y zombis, que es algo normal. ¡A alguien hay que matar!

Sí, pero no. 

Estaría de acuerdo con este planteamiento si la representación de las lesbianas fuera igual o superior en número a la del resto de colectivos. Pero las cifras indican lo contrario. Como colectivo minoritario que somos, la representación de la que gozamos en televisión es bastante escasa. Si al año se crean pongamos que 30 personajes lésbicos nuevos y 22 de ellos mueren carbonizadas, golpeadas, víctimas de un homicida, del cáncer, de los celos de un amante o de cualquier causa atroz que acaba con su vida de manera repentina, estamos ya hablando de una pauta. Algo sistemático. Y esa pauta, a mí, por lo menos, empieza a parecerme preocupante.

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Me preocupa la representación que se nos da en la pequeña y gran pantalla. Tanto en número como en la forma de tratar la homosexualidad femenina.

Me preocupa que se utilice a estos personajes para cubrir la cuota de las minorías o para atraer a un público fiel (las lesbianas normalmente lo somos, consumimos casi cualquier producto que tenga un personaje lésbico), para luego prescindir de ellos a la mínima de cambio.

Me preocupa que se haya convertido en tendencia aniquilarnos y que solo nosotras protestemos.

Me preocupa, y mucho, el mensaje que se manda a los televidentes repitiendo esta práctica una y otra vez. Ser lesbiana, en televisión, es peligroso. Y su futuro es incierto. Nada bueno puede salir de ser homosexual. O mueres joven o te expones a tener una vida traumática.

Y por último, me preocupa que nosotras mismas, como colectivo, nos veamos obligadas a encajar este “maltrato” con resignación e incluso con humor.

Porque no da igual. Veintidós personajes en un solo año no dan igual. Son demasiados para los pocos que existen. Importa y mucho que por sistema se mate a la lesbiana o que su destino sea poco alentador.

No sé cómo ni de qué manera, pero creo que ya es hora de que empecemos a reclamar a los guionistas un trato digno. De lo contrario, el año que viene serán 30 y el siguiente a lo mejor 100. Aunque como dijo @arratostada en Twitter: “Primero tendrían que crearlos”. Y me parece seguro afirmar que ni eso va a ocurrir, ni tampoco estas muertes saldrán en los telediarios.

El colectivo lésbico, simplemente, se merece algo mejor.

Lecturas litles…

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Soy consciente de que existen infinidad de blogs y páginas web que puedes visitar para encontrar novedades y recomendaciones de libros litles. Pero mis lectoras me hacen una pregunta insistentemente: “¿Qué puedo leer? Recomiéndame algo”. 

Así que como sois muchas las que acudís a mí para pedirme nuevas lecturas y hoy celebramos el Día de las Librerías, qué mejor momento para hacer una entrada en el blog y hablaros de libros que he leído últimamente o de otros que están a punto de caer en mis manos. Todos ellos los podéis encontrar en Amazon.

Por ejemplo, para las que saben inglés (o no les importa leer en esta lengua):

-Cualquiera de los libros de Natasha West. Me gusta su frescura y sus argumentos (cliché, pero no tanto; ¡vivan los giros inesperados!). Me gusta que cada línea te atrape para seguir pasando las páginas sin remedio. Me gusta su sentido del humor. Y finalmente, me encanta que sea tan prolífica. Todo un descubrimiento del verano pasado.

The Significant, de Kyra Anderson. Para quienes disfruten del Sci-Fi. La única pega que le pondría es su longitud y, en consecuencia, la cantidad de hilos argumentales que se abren, se cierran y enredan, haciendo que la trama vaya perdiendo un poco de fuerza de cara al final. Me hubiese gustado menos para conseguir más, pero el planteamiento me ha encantado y me ha sido imposible no devorarlo.

En español:

Marta Catalá tiene una estupenda opera prima: Vendrá la noche. Bien escrito. Novela negra (ñam!), intriga, un argumento original y un final trepidante. Creo que estamos ante el nacimiento de una fantástica escritora y eso me llena de alegría. Felicidades, Marta. Ha sido un placer leerte.

-No se me olvida la nueva novela de Mila Martínez: Mis noches en el Ideal Room. Ha pasado a formar parte de mi librería hace muy poco. Sigo buscando el momento de abordarla, pero sé que no me va a decepcionar. Si te atrae la Agencia Magnum y el contexto de la Guerra Civil española, no sé a qué esperas para lanzarte. Y si no te atrae, también, porque el disfrute está asegurado.

Miriam Beizana ha publicado su segunda novela: Todas las horas mueren. Aún no he tenido el gusto de leerlo, pero siendo de Miriam seguro que merece la pena. ¡A por él! No paréis hasta haberlo devorado.

-De Sci-Fi en español me han hablado muy bien de Nivel 10, escrito por Estefanía Álvarez. Para las adictas a este género y a la distopia. Además, en clave femenina. ¿Se puede pedir más? Yo no lo sé, pero este no se me escapa.

-Como regalo de Navidad os adelanto que vais a tener una sorpresa de una antología de relatos. Por el momento no puedo decir mucho más, pero mantened las orejas (sí, sí, las orejas) muy abiertas porque creo que os va a gustar.

-Y finalmente, mi querida Clara Asunción García está a punto de sacar su propia antología de relatos. Se llama Y abrazarte. Servidora ya lo está disfrutando porque soy una enchufada, qué se le va a hacer, pero con este título tan sugerente dudo que te lo quieras perder.

Hasta aquí, las recomendaciones de hoy, que ya parezco un tablón de anuncios. Mil perdones si me he dejado alguna en el tintero (seguro que sí, es inevitable con la cantidad de obras que están apareciendo). Os invito, en cualquier caso, a que me ayudéis a completar la lista en los comentarios y hagamos de esta entrada un rinconcito al que acudir en busca de nuevas aventuras.

Si te animas a leerlos, espero que los disfrutes y, si te apetece, dejes por aquí tu opinión/recomendación. ¡Feliz Día de las Librerías!

Hambre

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Hace poco tiempo Marta Catalá me dio una lección muy importante (por cierto, inciso: si no has leído su estupenda novela Vendrá la noche ya estás tardando. Recomendada). Marta me dijo: “A veces, escribiendo, se sufre”. Y yo parpadeé un poco, sorprendida. ¿Sufrir? ¿Escribiendo? ¿Cómo es eso?

Pasarlo mal en un párrafo, sí. Quedarte bloqueada en otro, también. Pelearte con los personajes para que hagan lo que habías planeado para ellos (tienen vida propia, a veces son rebeldes y has de “meterlos en cintura”. Spoiler: casi nunca se consigue), claro. ¿Pero sufrir?

Y sí, sufrir. Ella tenía toda la razón. Qué lección tan importante. 

Ahora sé que se sufre cuando no conectas con la historia o con tus personajes. Cuando el manuscrito que tenías en mente no tiene nada que ver con lo que al final se plasmó en el papel… (qué lástima no tener un pequeño cerebro en cada uno de los dedos de la mano, como decía José Saramago. Así, tal vez, podríamos clonar o escanear todas las creaciones que tenemos en mente; y saldrían perfectas, como fotocopias exactas de lo que imaginamos). Y finalmente, se pasa mal, y aquí es a donde quería llegar, cuando sales de tu zona de confort y te arriesgas escribiendo algo que nunca te creíste capaz.

Recientemente me han ofrecido participar en una antología de relatos que, esperemos, verá la luz muy pronto. La temática a elegir es libre y a mí me ha entrado antojo de zambullirme en un género radicalmente opuesto a aquellos por los que me suelo mover. Así que he juntado los pies, he estirado las manos por encima de la cabeza y me he lanzado al vacío mientras me preguntaba: ¿Habrá agua en esta piscina?

Porque tengo HAMBRE, os lo confieso. Un apetito voraz no de comida, sino de otras cosas, muchas cosas. Tengo hambre de escribir, leer, probar, arriesgarme, experimentar, dejar volar mi imaginación y abrir la puerta a tramas y personajes que hasta el momento me eran desconocidos. Pero esto no es problema. Nos iremos conociendo, letra a letra, nos tomaremos un café imaginario y dejaré que esos nuevos personajes me dicten sus diálogos. Por lo pronto, acabamos de presentarnos y ya se sabe que una amistad duradera no surge de la noche a la mañana…

Es muy posible que este apetito sea un estado vital (lo es), pero obviamente se traslada a todo lo que hago/escribo. Así que probaremos y sufriremos, mis personajes y yo, pues además he descubierto que, al menos en este caso, “sufrir” está resultando una experiencia fantástica. Necesaria para crecer como persona y como escritora.

Así que ahí vamos… con la esperanza y el deseo de que, si quieres, me acompañes en esta nueva aventura. ¡Feliz Halloween a todas!

No esta(mo)s solas

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Dice Paul Auster:

La literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y, pese a todo, el acto de la lectura permite una comunicación entre dos seres humanos.

Y así es.

Estos últimos días para mí han transcurrido entre los nervios de estar a punto de dar a luz mi nueva novela y las dudas que a todx escritxr le asaltan cuando la fecha se acerca: ¿Y si se me ha colado una errata? ¿Y si no se entiende? También el típico: “por Dios, ¿en qué estabas pensando? ¿Cómo se te ha ocurrido algo así?”. Son preguntas que, ciertamente, te haces en soledad, a veces incordiando a quienes te rodean y te quieren tanto que están dispuestos a aguantarte en ese proceso del corazón bocarriba, el estómago bocabajo y las uñas alcanzando mínimos peligrosos. Creedme: pocas cosas hay más soporíferas que un autor debatiendo en círculos acerca de sus argumentos y personajes ;P

Ha sido este el final de un largo viaje en soledad, es cierto, y pese a todo, cuando llega el momento de mostrar la criatura es cuando te das cuenta de que no estás sola. Porque no lo estás, eso ya lo puedo asegurar. Más allá de las letras os encontráis vosotras, siempre cariñosas, siempre dispuestas, brindándome todo vuestro apoyo en forma de tuit, me gusta, una foto, un comentario, una sonrisa… cualquier cosa que se os ocurra.

Gracias.

Si estás leyendo esta entrada, me gustaría decirte que tú tampoco estás sola. Puede parecerlo a veces, y así lo he sentido cuando me habéis escrito un email para contarme algo increíble, algo que a veces me parece un sueño y hace que me frote los ojos un poco, como si no fuera conmigo. Esto es, decirme que una de mis novelas te ha ayudado a sonreír en un momento difícil o te ha servido para evadirte de una ruptura, un familiar enfermo, un revés económico, un desencanto o engaño del corazón. Es en esos momentos cuando comprendo que la soledad del escritor y del lector es algo ficticio, porque de alguna manera tanto tú, sosteniendo el libro entre las manos, como yo, al borde de un teclado, nos encontramos conectadas. Creo que la literatura es eso. Es la acción de plasmar una historia y un sentimiento, pero también sirve para acompañar, soñar, aprender, viajar… sanar… Qué potente herramienta de curación son los libros.

 

Afortunadamente, compruebo a diario que este proceso de retroalimentación está en auge, se encuentra ahora en plena expansión y crecimiento y es algo que personalmente me tiene feliz y anonadada a partes iguales. Mantenía hace poco un debate con unas compañeras de las letras acerca de lo mucho que está cambiando la literatura lésbica (¿se puede denominar así? Confieso que yo prefiero llamarlo “literatura nuestra”) en los últimos años. Cada día hay más lectoras, cada vez surgen más escritoras con una historia que les quema en las entrañas, la cual están deseando contarnos y nosotras estamos encantadas de leer. Cada día hay más variedad de géneros, nos arriesgamos, apostamos por otras temáticas, por otro estilo de personajes, por dar un paso más allá.

 

Y así, gota a gota, paso a paso, lo que antes era impensable es hoy una realidad: nos encontramos con decenas de novelas con sello LGBT y un amplio catálogo donde elegir. Está ocurriendo y es gracias a todas nosotras…. autoras y, por supuesto, lectoras. Porque todo esto sería una quimera si no contáramos con vuestro apoyo. Se pueden escribir 1000 libros, emborronar páginas con cientos de caracteres, pero si no hay alguien, al menos una persona dispuesta a leernos, la literatura no existe.

Por eso quiero aprovechar para pediros que nos cuidemos, que sigamos creciendo en variedad, calidad y cantidad. Que apoyes la marca LGBT y la protejas como si fuera tuya, tu trabajo, porque en realidad lo es. Tuya y mía. Compra, difunde y recomienda libros para dar a nuestra literatura el respeto y el lugar que se merece. Y si tienes un manuscrito en mente, alma de escritora, no lo dudes y atrévete a sacarlo del cajón. Más gente de la que crees lo está esperando.

¿Puedes oírla? Yo sí… Escucha con atención: es una melodía nueva y mágica, es el sonido de los dedos contra un teclado y de las páginas al pasar, de los rodillos de una imprenta, de la comisura de tus labios sonriendo en un párrafo y de las lágrimas rodando por las mejillas. Es, en definitiva, el sonido de autoras, lectoras y editoriales (no se me olvida) unidos para que nuestra literatura se enriquezca cada día más. Ojalá entre todas sigamos componiendo esta partitura y armando mucho, pero que mucho ruido.

Gracias por tanto apoyo. Siempre vuestra,

E.M.

Adiós AfterEllen…

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Hoy me he despertado con una noticia muy triste: AfterEllen cierra sus puertas de manera indefinida. Y lo hará ya, en un abrir y cerrar de ojos, este próximo viernes. ¿La razón? Lo de siempre: AfterEllen no resulta rentable y a sus inversores no les ha temblado el pulso para echar la verja y dejar “huérfanas” a miles de lectoras de todo el mundo.

Es probable que alguna de vosotras no tengáis ni idea de qué es AfterEllen. Me sorprendería, dada su importancia en nuestra comunidad, pero no es un pecado desconocer su existencia. Baste con decir que fue una de las plataformas pioneras en web de entretenimiento lésbico, transexual y bisexual en habla inglesa.

Cuando hace cosa de tres años unas amigas y yo decidimos crear HULEMS, lo hicimos con la mente puesta en esta plataforma. AfterEllen era el reflejo en el que nos mirábamos en el espejo. Con muchos menos recursos, claro, pero una ilusión desbordante, deseábamos ofrecer algo parecido a la comunidad hispanoparlante: un lugar en el que CELEBRAR nuestra orientación sexual. Sí, celebrarla. Así de claro. ¿Parece un concepto extraño? Pues no lo es tanto, tal vez fuera incluso necesario. Queríamos, por tanto, crear una web escrita en español donde se pudieran leer noticias, artículos, reseñas de libros, etc, partiendo siempre de una emoción: sentirse orgullosas de lo que somos, celebrar que estamos vivas y conectarte, así, con muchas otras mujeres repartidas por el mundo que se sienten como tú, como yo.

Es por eso que el cierre de AfterEllen es, para mí y mis excompañeras de HULEMS, un tremendo jarro de agua fría. Con su marcha perdemos un referente, pero también un lugar que consiguió entretejer muchas historias y vidas, al mismo tiempo que nos mantenía informadas. De HULEMS han salido parejas, amigas, novias, compañeras, socias, sueños, proyectos, copas, noches en vela, matrimonios… y estoy segura de que AfterEllen también propició que se crearan estos lazos.

El hecho de que su adiós sea por una razón puramente económica lo hace, si cabe, todavía más penoso. No obstante, creo que su cierre reabre un debate que a mí me parece fundamental mantener vivo. Esto es, la necesidad de que cuidemos de lo nuestro. Lo primordial que es que apoyemos a nuestrxs creadorxs, nuestros bares, nuestros espacios, nuestras webs, nuestros libros, revistas, comics, películas, series, blogs, radios, asociaciones, plataformas, grupos y toda obra realizada por y para nosotras. Que lo apoyemos no solo moralmente sino también de facto, “recompensando” (económicamente ¡o de la forma que sea!) por su trabajo a quienes invierten su tiempo y esfuerzo en darnos estos rincones que son nuestros, parte de nuestra vida y de lo que somos.

De lo contrario, me temo que AfterEllen será solo la punta de un enorme iceberg. Así que aunque la noticia haya convertido este 21 de septiembre en un día triste, creo que deberíamos usarla para reflexionar sobre la importancia de proteger nuestros espacios, nuestro mundo. Para buscar el modo de que esto no vuelva a suceder. Para que no haya más AfterEllen que cierren sus puertas por razones puramente económicas o de cualquier otra índole.

Ojalá entre todas lo consigamos.

Gracias por todo, AfterEllen. Te extrañaremos.

 

 

Lo bueno, si breve, dos veces… malo

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¡Eso, bebamos para olvidar lo ocurrido!

Por eso de que siempre voy con retraso en enterarme de algunas cosas, fue ayer cuando me di cuenta de que ya no habrá más Faking It. Que sí, que ya lo sé: hay otras series (hello Orange is The New Black!) y más que estarán por venir, vale, lo acepto. Pero yo me siento huérfana. Estafada. Asqueada. Como si acabaran de darme la noticia de que alguien querido se me ha muerto en un accidente. Vale, tal vez esto sea el colmo de la hipérbole (lo es), pero no me negaréis que el hecho de que te cancelen una serie te hace sentir descolocada, como si de veras te acabaran de dar una inesperada y desagradable noticia.

Pero ya está… He visto el último capítulo de la serie y lo único que he pensado es: “¿En serio este ha sido el final de Faking It?”. Parece un episodio escrito así, deprisita y corriendo, como si Carter Covington tuviera una audiencia con Obama en el despacho oval de la Casa Blanca. O los agentes de la condicional lo estuvieran esperando para ingresar urgentemente en Guantánamo y, debido a ello, no pudiera detenerse a hacer algo decente, mejor que lo que hemos visto. Pero hasta en la cárcel se puede escribir, Carter. Hasta en la cárcel.

Cuando cancelan una serie de este modo, tan a la tremenda, de un día para otro, no me negaréis que una fan se siente como si acabara de perder algo. Al menos, yo, cuando he sabido la noticia, he estado revisando el suelo en busca de mis neuronas. Tenía miedo de que se me hubieran caído. No daba crédito.

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Carter dice “je, je, je, ilusas, je, je, je”.

Es decir, tal y como yo lo veo, con las series canceladas atraviesas varios estados emocionales: una invierte su tiempo y sus horas en ellas, se emociona (Faking It es totalmente un placer culpable y aunque lo niegues, lo sabes), la mima, la apoya, la difunde, paga por ello, shippeaSUFRE y de repente… ¡cataplof! La cancelan y te conviertes en una suerte de homicida en potencia. Todo el amor que tenías muta entonces en odio: odias al productor, la cadena, el guionista, dedicas tiernas palabras a la madre del dueño de la cadena y al padre del guionista, firmas peticiones para que no la cancelen bajo riesgo de amenaza y cuando vuelves en ti, cuando lo asumes y se te pasa el enfado… simplemente descubres que no ha servido de nada.

La triste realidad es que ya ni siquiera sé por qué me sorprende, puesto que siempre hacen lo mismo. Que te dejen huérfana de serie es algo tan habitual que si todos los fans decepcionados del mundo diésemos un salto al mismo tiempo, La Tierra se desequilibraría de su eje. Estoy convencida de ello.

En el apartado lésbico a mí ya me pasó en su día con Sugar Rush y le eché la culpa a los británicos. Ahora me ha pasado con Faking It y se la echo a los americanos. Pero en un mundo en el que las audiencias, los anuncios y el dinero lo son todo, supongo que el respeto a los fans es lo de menos. Y que la culpa, al final, la tenemos ¿todos? O a lo mejor un público al que no le interesan demasiado los asuntos románticos entre gays y lesbianas. Me atrevería a decir que por ahí va el asunto.

Mi único consuelo es que no me ha gustado en absoluto el final que nos tenía preparado Carter Covington. Ha concedido varias entrevistas al respecto. Si te gustaba Faking It, no te las pierdas porque te quedarás pasmada. *Spoiler* Amy y Karma compartiendo jardín delantero y sendas casas estilo Wisteria Lane parecía prometedor, pero… no, no era eso lo que queríamos, Mr. Covington. NO-ERA-ESO… *Fin spoiler*. Lo que sí le agradezco es que me haya ahorrado tanto sufrimiento con Amy. Por lo demás, siempre nos quedarán los libros Pseudo-FakingIt y Sugar Rush para lamernos las heridas de las series perdidas. Y más que vendrán… que a nadie le quepa duda de eso.

Versatile Blogger Awards

Recientemente A. M. Irún me nominó para los Versatile Blogger Awards. Como soy un poco torpe, no sabía muy bien en qué consistía esto, pero ella me lo explicó muy amablemente: contar siete cosas sobre mí en mi blog que no os haya contado antes. E invitar, además, a otr@s a que lo hagan. Le doy las gracias a la creadora de Nico, por favor por haberme dado este premio. Me sirve además para actualizar el blog, que es cierto que lo tenía muy olvidado, tal y como ella me recordó jaja.

No tenía ni idea de qué contar, así que he hecho un remix de nimiedades que puede que os interesen o no, pero que aquí están, como la ocasión requiere. Siete cosas sobre mí:

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1. Soy la menor de tres hermanos y existe bastante diferencia de edad entre nosotros. Un día le pregunté a mi madre: “¿Lo mío fue un error o intencionado?” Y ella me contestó: “Mitad y mitad. Tuve que hacer trampas con tu padre para quedarme embarazada”. No sé qué tipo de engaño fue ese. Sé que no se trató de una infidelidad porque nos parecemos mucho los tres, por lo que necesariamente tenemos que ser del mismo padre. El caso es que da igual, se lo agradeceré eternamente. Te quiero, mamá. (¡Y a ti también, papá!)

2. No me considero escritora, sino más bien entretenedora (pero esa etiqueta no estaba disponible en el perfil de Facebook). A veces pienso que me gustaría escribir algo diferente a lo que hago. Algo serio o reflexivo. A lo mejor un drama. Pero no creo que pueda. Lo mío son los diálogos y la comedia -siempre lo han sido- y al igual que no podría ser de piel morena aunque quisiera, creo que tampoco podría escribir algo de gran calado. Quién sabe, a lo mejor cuando sea una viejita con muchas canas, artrosis e hipermetropía mi postura acerca de este tema haya cambiado. Todo es posible.

3. Cuando era pequeña mis profesores siempre querían que hiciera de Virgen María en la función del colegio. Incluso con cuatro años ya me negué a hacerlo. Yo era una enfant terrible, siempre he tenido un carácter fuerte y mi postura era clara: “No”, en todas las ocasiones. Fue un disgusto en mi casa (estoy exagerando). Os he comentado mil veces que soy una persona tímida y reservada y ya veis que no miento, incluso de pequeña lo era. No tengo Facebook personal ni me prodigo demasiado en redes sociales. Ser el foco de atención es algo que me espanta y, no obstante, soy una persona muy sociable. Contradictorio, ¿verdad? Mi mayor pesadilla sería que me vistieran de blanco y me pusieran en el centro de una iglesia, con todos esos ojos de los invitados de una boda mirándome. Si algún día queréis que me muera de un infarto, ese sería un buen método para conseguirlo. Afortunadamente, ya no tendré que pasar por eso.

4. La señorita que aparece en la fotografía de la tapa del libro de relatos Donde no puedas amar, no te demores, no soy yo. La editorial Egales se hizo un poco de cacao e insertó la imagen de la ilustradora de uno de los cuentos en donde correspondía la mía. No tengo el placer de conocer a esa señorita, pero le mando un saludo de todos modos.

5. Leo mucho. Bastante. Y soy una lectora rápida. Pero no tengo preferencia por ningún género. Lo mismo me encuentras con una novela romántica que con un serio libro sobre la Rusia leninista. Nunca cierro las puertas a un buen libro. O a uno malo, como parte del capítulo de placeres culpables, que en mi caso es muy extenso. Creo que es posible leer todo tipo de géneros siempre y cuando el lector no busque algo inexistente en ellos. Me refiero a que un romance es un romance, no un tratado de filosofía. Y un libro sobre la guerra nunca va a ser divertido. Si abordamos una lectura con falsas expectativas, el batacazo puede ser importante. O al menos así me lo planteo yo cuando me lanzo a leer y analizo las portadas para hacerme una idea de lo que puedo encontrarme.

6. Soy curiosa por naturaleza. Si veo algo en la televisión, un libro o una conversación, que llame mi atención, enseguida estoy buscando más datos en Internet. Eso me ha llevado a saber cosas ¡REALMENTE ABSURDAS!, como que Justin Bieber es piscis y su última conquista es una escorpio. Y ya me diréis para qué c** me sirve a mí saber algo así si no me gusta ninguno de los dos….

7. Bolas extra: Me encanta el tenis, soy una gran fan y lo practico si puedo. Mi padre dice que podría haberme dedicado profesionalmente a ello. Aunque también dice que podría haber sido arquitecta o pintora… Llamémosle amor de padre, supongo. Pero a lo mejor algún día escribo una novela ambientada en este deporte. Me gustan los animales y creo que a ellos también les agrado, por extraño que suene esto. No sé cantar y además lo hago fatal, aunque nací con buen oído para los idiomas. Tengo un mejor amigo y una mejor amiga desde hace por lo menos quince años; nos conocemos tanto que ya da un poco de asco. He vivido en varios países y en varias ciudades españolas. Veo tantas películas que en ocasiones me quedo sin títulos y pienso “¿y ahora qué?”. Mi reino lo daría por viajar (adoro conocer otras culturas). A veces siento que mi mundo gira demasiado rápido. Soy una persona inquieta, de movimientos rápidos, de acciones rápidas, de pensamientos ídem. ¡IMPACIENTE! Así que me cuesta horrores pararme a respirar y tomarme las cosas con calma. Aunque en ocasiones lo logro. Bien por mí 🙂

Y ahora el capítulo de nominaciones. Como no podía ser menos, nomino a Clara Asunción García, mi amiga,para que nos cuente alguna batalla que estoy segura de que será de lo más interesante.

Gracias por haber leído. Espero que al menos os haya resultado ameno este yoístico viaje. Un abrazo.

 

350 ovejas

Pocas veces hablo de política si no es en un contexto de ficción encerrado en las páginas de un libro. Pero hoy no puedo quedarme callada ni contener el impulso después de haber visto la sesión fallida de investidura que ha tenido lugar en España a las 19:00 horas.

Ovejas. Muchas ovejas.

Esto es lo que visto hoy en la votación. 350 ovejas para ser exactos.

ovejas

Lejos de entrar a valorar el acuerdo PSOE-Ciudadanos que había sobre la mesa (tema en el que no ahondaré porque cada cual es libre de apoyarlo o no), me apena ver que de 350 escaños que tiene el Congreso de los Diputados de España, ni una sola de las personas que los ocupan (¡ni una!) haya roto la disciplina de su partido votando algo contrario a lo que les indicaron sus líderes. Los miembros del PSOE votaron lo que les ordenó el PSOE. Los del PP lo que el PP quería. Y lo mismo con Ciudadanos, Podemos, ERC… etc. Es decir, que de las 350 personas que componen el hemiciclo, ¿tenemos que creernos que todos están de acuerdo con la decisión tomada por sus partidos? ¿Ninguno ha dudado? ¿Ninguno veía con buenos ojos lo que otros de sus compañeros consideraban horrible? ¿Dónde se ha quedado entonces la diversidad? ¿El subjetivismo? ¿La libertad de expresión? ¿Existe en política acaso?

A la vista de los resultados, me temo que no… porque el resultado de esta votación para mí solo indica una cosa, un hecho que me parece realmente triste: que en los escaños del Congreso no hay sentadas personas, sino partidos. Y ovejas, muchas ovejas que no quieren o no se atreven a tomar una decisión distinta de la manada, porque saben a lo que se exponen si van en contra de lo que les exigen. La disciplina de voto ha convertido a nuestros diputados en seres homogéneos, dóciles, disciplinados, un ejército a merced de los intereses de un partido, pero en ningún caso de los ciudadanos. Y esta es la parte más grave, el constatar que gobiernan para ellos mismos, pero no para nosotros, sea cual sea el acuerdo/escenario.

Y ya, aquí acaba este post. No os doy más la tabarra con la política. Pero es que tengo a Esther Morales cabreada y si no lo escribía creo que renegaría de mí como autora. Lara os manda saludos también, pero ella en este caso ha optado por la abstención.

España va beeeee 🙂

 

 

 

Club de lectura

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Mis compañeras y yo. Obviamente.

Empiezo el año sumándome a un club de lectura de una librería que hay cerca de mi casa. La verdad es que siempre he querido formar parte de algún taller así, pero nunca sacaba tiempo para hacerlo, por lo que estoy muy contenta y con muchas ganas de empezar.

Me gusta comprobar que no he leído ninguno de los libros planeados para los siguientes tres meses, y no puedo esperar a la primera sesión. Dice la coordinadora que el taller está compuesto por lectores ávidos, de los que disfrutan desgranando hasta el más mínimo detalle de cada novela. Nunca se me había ocurrido hacer un ejercicio así con los libros que leo. Soy más de disfrutar de cada página y seguir, a bocados, hasta que los acabo, por lo que me va a resultar interesantísimo este otro modo de leerlos. Será como leer con otros ojos. Además, ya se me ha disparado la imaginación, y me imagino con una taza de café, escuchando las aportaciones de mis compañeras de taller (¿no había un libro sobre esto? ¿Tal vez una película?).

En definitiva, que estoy contenta e ilusionada; tengo la sensación de que, además, aprenderé mucho sobre literatura y maneras de escribir. Y como no he tenido ocasión de decirlo antes, os deseo una maravillosa entrada en 2016. Yo me atraganté con las uvas y no fui capaz de comer más de cuatro. Espero que eso no sea indicativo de nada ;P

F.A.Q (o preguntas que soléis hacerme a menudo)

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Tengo el blog muy abandonado. Demasiado. Estas semanas confieso que no he tenido mucho tiempo para comunicarme con vosotras, y tampoco demasiado que decir. Por eso se me ha ocurrido dejaros una respuesta a las 10 preguntas que me hacéis a menudo, una especie de F.A.Q rápido en el que a lo mejor encontráis la respuesta que buscabais.

  1. Pregunta: Soy de Chile, Perú, Bolivia, Panamá y un sinfín de nacionalidades que no puede adquirir tus libros en Amazon. ¿Qué hago?
    Esta era una de las cuestiones que me preocupaba especialmente, no por temas económicos, sino porque me entristece ver que muchas de vosotras no podéis adquirir libros de manera fácil. Por eso he llegado a un acuerdo con la Editorial Egales para que distribuya mis novelas en su página web y librerías asociadas. Están en formato ebook (epub), pero resuelve parte de la problemática. Más info, aquí: http://www.editorialegales.com/autores/emma-mars/10498/
  2. Pregunta: ¿Habrá una secuela de 101 razones para odiarla?
    En principio, no. En su día valoré hacer una continuación que se llamaría 101 razones para amarla o 101 razones para quererla, pero fue una locura transitoria. En realidad, si tengo que ser sincera, no encuentro de qué modo se podría continuar la historia de Olivia y Claudia sin caer en el aburrimiento. Para mí el argumento principal de esa novela giraba en la idea de que del odio al amor hay solo un paso. Una continuación sería como tropezar en el oportunismo de muchas secuelas innecesarias en las que se introduce un drama (por ejemplo, que cortaran su relación; véase: “Ocho apellidos catalanes”) solo como excusa para una segunda parte. Sin conflicto, no hay historia, esa es una de las reglas de oro. Pero es que Olivia y Claudia nunca han cortado. Al menos, no en mi cabeza. Si habéis leído Políticamente Incorrectas 2 (atención: spoilers) sabréis que lo suyo acabó en boda. Los detalles de cómo ocurrió solo los saben ellas dos. Habría que preguntárselo (o imaginarlo).
  3. Pregunta: Me gustó la continuación de Políticamente Incorrectas, aunque me faltó más carga romántica entre las protagonistas.
    Es totalmente comprensible, si bien no estoy del todo de acuerdo. Políticamente Incorrectas no nació para ser una novela romántica. Sí, existe una historia de amor. Sí, es importante en la historia. PERO no es determinante. Cuando concebí estas dos obras tenía muy claro que no deseaba centrar toda la acción en el romance entre Lara y Esther, sino convertirlo en una especie de trama secundaria. Considero que dentro del género puramente romántico (chica conoce a chica), hay mucha variedad de obras, y en este caso preferí optar por una trama política como eje central de las novelas. De ahí que no hayais encontrado en ellas más pasajes románticos entre las protagonistas.
  4. Pregunta: ¿Habrá continuación de Con nocturnidad y alevosía?Es muy probable que sí, aunque de haberla, me lo plantearía como una serie de relatos, no como una novela. Mi idea es intentar acercaros más a los personajes (algo en lo que humildemente creo que he fallado con la primera entrega), para que los hagáis vuestros y conectéis con ellos. En caso de que la musa me acompañara, mi intención es que los personajes vayan haciendo de las suyas en diferentes relatos largos, en situaciones diversas. Hay una continuación a medio escribir que provisionalmente se titula Mónaco, y en ella podemos ver a nuestras protagonistas intentando estafar a alguien en el Principado monegasco.
  5. Pregunta: ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Para cuándo la siguiente novela?Actualmente me encuentro en barbecho, planeando cuál será mi siguiente obra. Tengo dos ideas flotando en mi mente, pero ninguna se ha hecho REAL todavía.
  6. Pregunta: ¿En qué orden escribiste tus novelas publicadas? ¿Tienes más en el cajón?1. Será nuestro secreto 2. 101 razones para odiarla 3. Políticamente Incorrectas 1 4. Políticamente incorrectas 2
    Tengo otras dos novelas escritas, pero no me encuentro cómoda con el resultado, así que dudo mucho de que lleguen a ver la luz del día.
  7. De los que has escrito, ¿cuál es tu libro favorito?No tengo favorito, todos son como mis hijos y está feo elegir en la familia, pero al que sí le tengo mucho cariño por la cantidad de horas que me estuve riendo mientras lo escribía es a 101 razones para odiarla. Tal vez no sea el libro mejor escrito del mundo (no lo es), pero me lo pasé tan bien escribiéndolo que eso no tiene precio. Además, tiene un valor personal muy especial para mí por otros motivos.
  8. Pregunta: ¿Tienes alguna autora LGBT favorita?Tengo varias. En inglés, me gustan mucho Gerri Hill y Georgia Beers por su capacidad para conectarme con sus romances. Creo que nadie construye UST (unresolved sexual tension) como ellas. En cuanto a españolas, sé que es políticamente incorrecto elegir, pero si tengo que hacerlo me quedaría con Susana Guzner, Susana Hernández y Clara Asunción.
  9. Pregunta: ¿Es Clara Asunción tu amiga?Es mi amiga y mi madrina literaria. Clara fue quien me dio una llamada de atención y me “exigió” que me lanzara a publicar. Si no hubiese sido por ella, tal vez todos mis libros siguieran en el disco duro de mi ordenador. No tal vez, seguro que seguirían allí, así que me siento profundamente agradecida de su “injerencia” en mi vida literaria.
Nico, por favor

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