¿Igualdad literaria?

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Hace relativamente poco, más o menos unos meses, llevé a cabo una prueba. Quería saber, de manera cuantificada, qué diferencia había entre una novela romántica “lgbt” (protagonizada por personajes lésbicos, entiéndase) y una novela romántica heterosexual. Como el único modo que se me ocurría de cuantificar esta diferencia era el monetario, me planteé el siguiente reto: publicar una novela romántica heteronormativa y ver la diferencia de ingresos entre unas y otras.

Me puse manos a la obra.

Tardé exactamente 10 días en escribirla. Puede que doce, si tenemos en cuenta el diseño de portada, la invención de un pseudónimo cualquiera e ingeniar un título más o menos atractivo. El esfuerzo fue prácticamente nulo. Podríamos decir que escupí la novela. Tecleé como una posesa durante esos diez días. No pensé demasiado el argumento, no incluí ningún giro emocionante, no me esforcé en caracterizar a los personajes, no me detuve demasiado en darle vida a los diálogos y me olvidé por completo de la estructura. No hice nada, en definitiva, que pudiera convertir ese texto en algo significativo. Obviamente, el resultado fue una novela plana, lineal, predecible y sin demasiada enjundia. Muy parecida a cualquier comedia romanticona de las que se pueden ver en televisión cualquier sobremesa del fin de semana.

He de decir que tanta desidia estaba justificada: se trataba de un experimento. Quería (com)probar(me) si incluso aplicando la ley del minimísimo esfuerzo, el resultado era muy dispar entre un tipo de novela y otra.

Finalmente, y ya como último paso, el día 12 releí mi primera novela heteroromántica (solo una vez, nada de grandes revisiones) y la subí a Amazon, a esperar resultados.

Los obtuve más o menos dos meses después y os puedo asegurar que la diferencia fue demoledora. En esos dos meses la novela romántica hetero obtuvo el cuádruple de ingresos que TODAS mis novelas ¿lésbicas? juntas en el mismo período de tiempo.

Podríamos pensar que se debía a la novedad (una novela recién publicada siempre tiene más tirón que las que ya llevan un tiempo en el mercado), pero pasaban los meses y la estadística se mantenía: mi novela hetero (en la que había empleado cero esfuerzo y que dista mucho de ser interesante u original) seguía cosechando al menos el doble de ingresos que todas las novelas juntas que anteriormente hubiera escrito. Y os aseguro que no se debía a que fuera un best-seller, ni compitiera en lo más alto del género. No vayamos a pensar que “sin querer” me salió una mini obra de arte de la novela romántica, pues no se trata de eso.

¿Entonces qué es? ¿Cuál es la respuesta? Pues a riesgo de suponer demasiado o de pillarme los dedos con teorías que pueden fácilmente ser desmontadas, imagino que la gran diferencia monetaria estriba en dos razones:

  1. La novela romántica heterosexual tiene más público, como ya sabemos. Es de perogrullo decir que estadísticamente hay más mujeres heterosexuales en el mundo que mujeres lesbianas/bisexuales. A veces la cantidad puede marcar la diferencia respecto a la calidad.
  2. Las hetero no consumen por norma general novelas cuyos personajes no sean varón/hembra. O no saben que existen. O les tienen alergia. O no se ven representadas, por lo que carecen de interés por ellas. Un libro con personajes hetero es lo “normal”.

Sea cual sea la respuesta, me sigue pareciendo curioso el segundo punto porque nosotras, las LGBT, sí lo hacemos. A diario consumimos libros, películas, series, programas, cómics y todo tipo de propuestas culturales incluso si no nos vemos representadas en ellos. Incluso si distan mucho de nuestra manera de sentir o de querer. Incluso cuando nos hacen rechinar los dientes por el tufillo a heteropatriarcado que despiden algunas.

Así que, bueno, a menudo nos vanagloriamos de que España es el país del mundo con mayor aceptación LGBT y probablemente esto sea cierto. Pero investigaciones de a pie como esta, nos demuestran que todavía queda un largo camino por recorrer. Parece que algo falla cuando una novela escrita en 10 días con cero pretensiones y cero interés consigue llamar mucho más la atención que otras en las que se han invertido largas horas y cariño por el simple hecho de que uno (o varios) personajes tenga cierta orientación sexual.

Una sexualidad no normativa no debería definir a una persona y tampoco a un libro, como bien explica Andrea en este hilo de Twitter que recomiendo encarecidamente:

Creo que va siendo hora de que consigamos cambiar esto. Que la orientación sexual de un personaje no defina también el libro entero. Es hora de que hagamos valer nuestras obras, nuestros personajes, nuestra manera de sentir y crear. Es hora de que se les dé una oportunidad objetiva, de dar el salto al otro lado de la valla. No me cabe duda de que a poquitos lo iremos consiguiendo y lo haremos con la ayuda de muchos talentos que todavía están por llegar. Así que si escribes personajes LGBT, te animo a lo de siempre: publica, comparte, crea. No ganarás mucho dinero por ello, no te sacará de pobre ni seguramente plantarás tu trabajo para dedicarte profesionalmente a escribir, pero con tu talento y buen hacer estarás contribuyendo a darle la vuelta a una situación claramente injusta y desigual.

Generalizar también es tóxico

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Yo reconozco que estas cosas hacen que me indigne un poco. Ayer por la tarde estaba viendo un episodio de The Good Wife. El episodio en cuestión trataba sobre un caso de drogas, el GHB, más conocida como éxtasis líquido o “droga de las violaciones”.
Como soy una persona curiosa, tras ver el episodio se me ocurrió hacer una búsqueda en Google para saber más detalles sobre la citada droga. El primer resultado que me ofreció la página de búsqueda fue el de una clínica privada de adicciones.
Dado que no tenía predilección por una página u otra, allí entré. Cuál sería mi sorpresa que, mientras estaba leyendo las características del GHB, me encuentro de repente con este párrafo:
[…] Es una sustancia que se consume en pequeñas ampollas o biberones, sobre todo en locales de ambiente gay. Las dosis vienen disueltas en […]
ghb
Así. Metido con calzador en medio del texto. Sin ninguna justificación, fuente, dato o estadística que lo avale.
Tod@s hemos leído alguna vez artículos en prensa sobre esta droga. Casos en los que se nos cuenta cómo alguien la vertió en la copa de una chica para poder abusar de ella. Por eso mismo, no me cabe en la cabeza cómo es posible que de todos los casos que se han dado, una página web “seria” (y quiero pensar que respetable) se atreva a afirmar sin ningún tipo de reparo que el GHB se consume SOBRE TODO en locales de ambiente gay. Como si fueran el epicentro del tráfico de GHB, sin citar ningún otro ejemplo. Porque digo yo que, ADEMÁS de en bares gays, el consumo y abuso de esta droga se puede dar en fiestas populares, discotecas heterosexuales, conciertos, antros, afterhours y demás sitios de ocio nocturno…
Así que permitirme que me sienta un poco ofuscada por esta generalización gratuita de la Clínica C’an Rosselló. Son artículos como este, completamente sesgados, los que siguen haciéndonos daño como colectivo, lanzando prejuicios a destajo sin justificación posible. Quizá sea falta de información, desconocimiento o simple homofobia. Eso ya no lo sé, pero es para indignarse. Si alguien como yo ha llegado a esa página buscando datos sobre el GHB, muchas otras personas lo harán y se encontrarán con esta opinión sesgada enmascarada de información objetiva. Y quizá crean que sí, que los camellos del GHB se encuentran todos en Chueca o que el barrio LGBT madrileño es el hermano menor de las 3000 o la Cañada Real. Y, mira, no, no es eso lo que dicen los periódicos serios o el Instituto Nacional de Toxicología:
[…] En todos los casos de abusos sexuales a personas bajo los efectos de sustancias psicoactivas, los sospechosos eran hombres y las víctimas eran mujeres, con un promedio de 26 años […]
¿Qué hacemos? ¿Nos indignamos? ¿Cómo se combaten generalidades así? Tan absurdas, tan injustas, tan dañinas. Por desgracia, no tengo la respuesta, pero en principio pediría una rectificación a la Clínica C’an Rosselló y que ejerzan su trabajo con más de rigurosidad. No es mucho pedir, digo yo.

Una de organización, por favor

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El problema no es la falta de ideas, porque de eso tengo decenas. En la ducha, paseando por la playa con mi perro -que, por cierto, está precioso; hemos conseguido curarle todos los problemas con los que vino tras la adopción. Gracias a las que os habéis interesado por él), comiendo, mientras me quedo en babia… Estoy convencida de que hasta durmiendo se me ocurren temas nuevos, bonanzas, ideas para negocios (el otro día soñé que estaba jugando con un perro, pero en lugar de lanzarle una pelota, le lanzaba mi móvil. Esta no es una buena idea empresarial, ¿verdad? ;P). Así que no es eso… qué va…

El problema es la organización. Mi inquietud. La cantidad de actividades en las que estoy metida, tanto profesionales como de ocio. Necesito de veras que alguien me ate a la pata de una silla y me pida que no ponga ya más carga sobre mis hombros, de verdad.

Veamos, hagamos recuento: en los últimos meses he empezado a leer nueve libros. Dos series. Cinco borradores. Y un sinfín de vicisitudes profesionales que mejor no relatar para no provocar bostezos. ¿Número de actividades concluidas? Cero.

2017 se presenta como un desastre organizativo, definitivamente.

Pero no todo son malas noticias: la vida me sonríe, está siendo un gran año. Me encuentro feliz y motivada, tengo los mejores amigos del mundo, una familia de otro planeta y he conocido a personas de esas que están para quedarse. Personas que quieres que sean para siempre… y lo serán, no tengo duda de ello. Así que no puedo quejarme. Ahora solo me falta un poco de organización. Empezar algo, acabarlo. Como solía hacer en un pasado no tan lejano. Estar centrada y no tan despistada.

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Sueño con el día en el que me ocurra esto…

Todo el rollo previo para deciros, básicamente, que el otro día anuncié en Twitter que se avecinaba una nueva publicación. Y sí, así es, está prevista. Pero también quiero ser sincera: le queda una GRAN -así, con mayúsculas- fase de revisión. O lo que es lo mismo: meter el borrador en el fondo de la nevera para que enfríe, para verlo desde la distancia y con una mirada ajena. Entonces llegará el momento de sacar el bisturí. Clac, clac, clac. Corte aquí, tajo allá. Porque escribir tiene mucho de cirujano, la verdad. Resulta imposible embellecer sin realizar cortes.

¿La fecha? Pronto, espero. Con prisas pero sin pausa. Mientras tanto y ya que estamos, haré mi tradicional tablón de anuncios y aprovecharé la ocasión para recomendaros que leáis la nueva novela de Marta Català: Los dulces años del fútbol. He tenido el placer de ver cómo se gestaba y sé que las amantes del “deporte rey” la disfrutarán sin ninguna duda. Pero también lo harán todas aquellas que, como yo, tuvieron su despertar en la década de los noventa.

Esta chica de Marte se despide ya. Se os quiere. Hasta la próxima.

Sí importa que siempre maten a la lesbiana

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El dato:

Noviembre, 2016. 

En lo que va de año ya han muerto 22 personajes lésbicos en la televisión. 

A mes y medio de que acabe 2016, esta es la desmoralizante cifra de personajes femeninos homosexuales que ya no volverán a la parrilla televisiva.

Algunos me llamarán exagerada o tremendista por hacer una entrada en mi blog para quejarme de la ojeriza que nos tienen los guionistas. A los que piensen que está de más, quiero que se planteen un escenario. Que cambiemos un poco el dato. Imaginemos por un segundo que no fueran lesbianas de lo que estamos hablando. Que esas 22 muertes correspondieran, por ejemplo, a madres de familia. Y que fuera una constante. Año tras año, los guionistas matan a personajes ficticios que representan a la abnegada madre de una familia nuclear. ¿Qué ocurriría si así fuera? Pues, muy probablemente, que tendríamos a varios colectivos de madres enfurecidos, agitando sus banderas, quejándose por este sistemático ensañamiento. Tacharían a los guionistas de machistas, patriarcales, de enemigos de la familia. Les exigirían que dieran ejemplo y dejaran de atentar contra la figura de la madre tradicional. ¿No lo crees así? Bueno, entonces quizá es que no conoces a las temidas OneMillionMoms, encargadas de vigilar y denunciar cualquier atropello televisivo (siempre según ellas) contra la familia nuclear.

Pero aquí es adonde quería llegar. Porque la televisión sí importa. La televisión es el medio de comunicación que más influencia tiene en nuestra sociedad. Hay gente que se deja influenciar por todo lo que ven en la pequeña pantalla. Copian la moda de actores y presentadores, compran los productos que allí se anuncian e imitan los comportamientos de quienes aparecen en ella. Construyen, en definitiva, sus referentes en torno a todo lo que se emite en televisión. Y por eso existen tantas normativas reguladoras de este medio audiovisual, tales como medir los minutos que debe durar la publicidad, censurar contenidos o regular el horario en el que se emiten ciertos programas para no dañar la influenciable mente infantil. Por supuesto, también existen Asociaciones de Telespectadores que vigilan a las cadenas televisivas para que los televidentes podamos ejercer nuestros derechos como ciudadanos y estemos representados de alguna manera. Estas asociaciones son las que han interpuesto diferentes denuncias contra programas de contenido dudoso, como Mujeres, Hombres y Viceversa, por promover el machismo o hacer incluso apología de la violación.

Sin embargo, es curioso, porque nadie parecer ver extraño o desproporcionado si de manera continuada los guionistas asesinan al personaje lésbico, convirtiendo en un verdadero viacrucis interpretar a una lesbiana en la pequeña pantalla.

Yo no sé qué mensaje se está enviando a nuestra sociedad con esta práctica (¿que la lesbiana no cuenta? ¿que es prescindible? ¿que pueden matarla cuando las audiencias caigan?), pero como mínimo el mensaje que cala en las mentes de los telespectadores es que ser lesbiana no conduce a nada bueno.

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Ahora es cuando el lector de este blog me llama exagerada. Me dice que esas 22 muertes no son nada. Que en televisión se matan negros, blancos, asiáticos y zombis, que es algo normal. ¡A alguien hay que matar!

Sí, pero no. 

Estaría de acuerdo con este planteamiento si la representación de las lesbianas fuera igual o superior en número a la del resto de colectivos. Pero las cifras indican lo contrario. Como colectivo minoritario que somos, la representación de la que gozamos en televisión es bastante escasa. Si al año se crean pongamos que 30 personajes lésbicos nuevos y 22 de ellos mueren carbonizadas, golpeadas, víctimas de un homicida, del cáncer, de los celos de un amante o de cualquier causa atroz que acaba con su vida de manera repentina, estamos ya hablando de una pauta. Algo sistemático. Y esa pauta, a mí, por lo menos, empieza a parecerme preocupante.

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Me preocupa la representación que se nos da en la pequeña y gran pantalla. Tanto en número como en la forma de tratar la homosexualidad femenina.

Me preocupa que se utilice a estos personajes para cubrir la cuota de las minorías o para atraer a un público fiel (las lesbianas normalmente lo somos, consumimos casi cualquier producto que tenga un personaje lésbico), para luego prescindir de ellos a la mínima de cambio.

Me preocupa que se haya convertido en tendencia aniquilarnos y que solo nosotras protestemos.

Me preocupa, y mucho, el mensaje que se manda a los televidentes repitiendo esta práctica una y otra vez. Ser lesbiana, en televisión, es peligroso. Y su futuro es incierto. Nada bueno puede salir de ser homosexual. O mueres joven o te expones a tener una vida traumática.

Y por último, me preocupa que nosotras mismas, como colectivo, nos veamos obligadas a encajar este “maltrato” con resignación e incluso con humor.

Porque no da igual. Veintidós personajes en un solo año no dan igual. Son demasiados para los pocos que existen. Importa y mucho que por sistema se mate a la lesbiana o que su destino sea poco alentador.

No sé cómo ni de qué manera, pero creo que ya es hora de que empecemos a reclamar a los guionistas un trato digno. De lo contrario, el año que viene serán 30 y el siguiente a lo mejor 100. Aunque como dijo @arratostada en Twitter: “Primero tendrían que crearlos”. Y me parece seguro afirmar que ni eso va a ocurrir, ni tampoco estas muertes saldrán en los telediarios.

El colectivo lésbico, simplemente, se merece algo mejor.

Lecturas litles…

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Soy consciente de que existen infinidad de blogs y páginas web que puedes visitar para encontrar novedades y recomendaciones de libros litles. Pero mis lectoras me hacen una pregunta insistentemente: “¿Qué puedo leer? Recomiéndame algo”. 

Así que como sois muchas las que acudís a mí para pedirme nuevas lecturas y hoy celebramos el Día de las Librerías, qué mejor momento para hacer una entrada en el blog y hablaros de libros que he leído últimamente o de otros que están a punto de caer en mis manos. Todos ellos los podéis encontrar en Amazon.

Por ejemplo, para las que saben inglés (o no les importa leer en esta lengua):

-Cualquiera de los libros de Natasha West. Me gusta su frescura y sus argumentos (cliché, pero no tanto; ¡vivan los giros inesperados!). Me gusta que cada línea te atrape para seguir pasando las páginas sin remedio. Me gusta su sentido del humor. Y finalmente, me encanta que sea tan prolífica. Todo un descubrimiento del verano pasado.

The Significant, de Kyra Anderson. Para quienes disfruten del Sci-Fi. La única pega que le pondría es su longitud y, en consecuencia, la cantidad de hilos argumentales que se abren, se cierran y enredan, haciendo que la trama vaya perdiendo un poco de fuerza de cara al final. Me hubiese gustado menos para conseguir más, pero el planteamiento me ha encantado y me ha sido imposible no devorarlo.

En español:

Marta Catalá tiene una estupenda opera prima: Vendrá la noche. Bien escrito. Novela negra (ñam!), intriga, un argumento original y un final trepidante. Creo que estamos ante el nacimiento de una fantástica escritora y eso me llena de alegría. Felicidades, Marta. Ha sido un placer leerte.

-No se me olvida la nueva novela de Mila Martínez: Mis noches en el Ideal Room. Ha pasado a formar parte de mi librería hace muy poco. Sigo buscando el momento de abordarla, pero sé que no me va a decepcionar. Si te atrae la Agencia Magnum y el contexto de la Guerra Civil española, no sé a qué esperas para lanzarte. Y si no te atrae, también, porque el disfrute está asegurado.

Miriam Beizana ha publicado su segunda novela: Todas las horas mueren. Aún no he tenido el gusto de leerlo, pero siendo de Miriam seguro que merece la pena. ¡A por él! No paréis hasta haberlo devorado.

-De Sci-Fi en español me han hablado muy bien de Nivel 10, escrito por Estefanía Álvarez. Para las adictas a este género y a la distopia. Además, en clave femenina. ¿Se puede pedir más? Yo no lo sé, pero este no se me escapa.

-Como regalo de Navidad os adelanto que vais a tener una sorpresa de una antología de relatos. Por el momento no puedo decir mucho más, pero mantened las orejas (sí, sí, las orejas) muy abiertas porque creo que os va a gustar.

-Y finalmente, mi querida Clara Asunción García está a punto de sacar su propia antología de relatos. Se llama Y abrazarte. Servidora ya lo está disfrutando porque soy una enchufada, qué se le va a hacer, pero con este título tan sugerente dudo que te lo quieras perder.

Hasta aquí, las recomendaciones de hoy, que ya parezco un tablón de anuncios. Mil perdones si me he dejado alguna en el tintero (seguro que sí, es inevitable con la cantidad de obras que están apareciendo). Os invito, en cualquier caso, a que me ayudéis a completar la lista en los comentarios y hagamos de esta entrada un rinconcito al que acudir en busca de nuevas aventuras.

Si te animas a leerlos, espero que los disfrutes y, si te apetece, dejes por aquí tu opinión/recomendación. ¡Feliz Día de las Librerías!

Hambre

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Hace poco tiempo Marta Catalá me dio una lección muy importante (por cierto, inciso: si no has leído su estupenda novela Vendrá la noche ya estás tardando. Recomendada). Marta me dijo: “A veces, escribiendo, se sufre”. Y yo parpadeé un poco, sorprendida. ¿Sufrir? ¿Escribiendo? ¿Cómo es eso?

Pasarlo mal en un párrafo, sí. Quedarte bloqueada en otro, también. Pelearte con los personajes para que hagan lo que habías planeado para ellos (tienen vida propia, a veces son rebeldes y has de “meterlos en cintura”. Spoiler: casi nunca se consigue), claro. ¿Pero sufrir?

Y sí, sufrir. Ella tenía toda la razón. Qué lección tan importante. 

Ahora sé que se sufre cuando no conectas con la historia o con tus personajes. Cuando el manuscrito que tenías en mente no tiene nada que ver con lo que al final se plasmó en el papel… (qué lástima no tener un pequeño cerebro en cada uno de los dedos de la mano, como decía José Saramago. Así, tal vez, podríamos clonar o escanear todas las creaciones que tenemos en mente; y saldrían perfectas, como fotocopias exactas de lo que imaginamos). Y finalmente, se pasa mal, y aquí es a donde quería llegar, cuando sales de tu zona de confort y te arriesgas escribiendo algo que nunca te creíste capaz.

Recientemente me han ofrecido participar en una antología de relatos que, esperemos, verá la luz muy pronto. La temática a elegir es libre y a mí me ha entrado antojo de zambullirme en un género radicalmente opuesto a aquellos por los que me suelo mover. Así que he juntado los pies, he estirado las manos por encima de la cabeza y me he lanzado al vacío mientras me preguntaba: ¿Habrá agua en esta piscina?

Porque tengo HAMBRE, os lo confieso. Un apetito voraz no de comida, sino de otras cosas, muchas cosas. Tengo hambre de escribir, leer, probar, arriesgarme, experimentar, dejar volar mi imaginación y abrir la puerta a tramas y personajes que hasta el momento me eran desconocidos. Pero esto no es problema. Nos iremos conociendo, letra a letra, nos tomaremos un café imaginario y dejaré que esos nuevos personajes me dicten sus diálogos. Por lo pronto, acabamos de presentarnos y ya se sabe que una amistad duradera no surge de la noche a la mañana…

Es muy posible que este apetito sea un estado vital (lo es), pero obviamente se traslada a todo lo que hago/escribo. Así que probaremos y sufriremos, mis personajes y yo, pues además he descubierto que, al menos en este caso, “sufrir” está resultando una experiencia fantástica. Necesaria para crecer como persona y como escritora.

Así que ahí vamos… con la esperanza y el deseo de que, si quieres, me acompañes en esta nueva aventura. ¡Feliz Halloween a todas!

No esta(mo)s solas

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Dice Paul Auster:

La literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y, pese a todo, el acto de la lectura permite una comunicación entre dos seres humanos.

Y así es.

Estos últimos días para mí han transcurrido entre los nervios de estar a punto de dar a luz mi nueva novela y las dudas que a todx escritxr le asaltan cuando la fecha se acerca: ¿Y si se me ha colado una errata? ¿Y si no se entiende? También el típico: “por Dios, ¿en qué estabas pensando? ¿Cómo se te ha ocurrido algo así?”. Son preguntas que, ciertamente, te haces en soledad, a veces incordiando a quienes te rodean y te quieren tanto que están dispuestos a aguantarte en ese proceso del corazón bocarriba, el estómago bocabajo y las uñas alcanzando mínimos peligrosos. Creedme: pocas cosas hay más soporíferas que un autor debatiendo en círculos acerca de sus argumentos y personajes ;P

Ha sido este el final de un largo viaje en soledad, es cierto, y pese a todo, cuando llega el momento de mostrar la criatura es cuando te das cuenta de que no estás sola. Porque no lo estás, eso ya lo puedo asegurar. Más allá de las letras os encontráis vosotras, siempre cariñosas, siempre dispuestas, brindándome todo vuestro apoyo en forma de tuit, me gusta, una foto, un comentario, una sonrisa… cualquier cosa que se os ocurra.

Gracias.

Si estás leyendo esta entrada, me gustaría decirte que tú tampoco estás sola. Puede parecerlo a veces, y así lo he sentido cuando me habéis escrito un email para contarme algo increíble, algo que a veces me parece un sueño y hace que me frote los ojos un poco, como si no fuera conmigo. Esto es, decirme que una de mis novelas te ha ayudado a sonreír en un momento difícil o te ha servido para evadirte de una ruptura, un familiar enfermo, un revés económico, un desencanto o engaño del corazón. Es en esos momentos cuando comprendo que la soledad del escritor y del lector es algo ficticio, porque de alguna manera tanto tú, sosteniendo el libro entre las manos, como yo, al borde de un teclado, nos encontramos conectadas. Creo que la literatura es eso. Es la acción de plasmar una historia y un sentimiento, pero también sirve para acompañar, soñar, aprender, viajar… sanar… Qué potente herramienta de curación son los libros.

 

Afortunadamente, compruebo a diario que este proceso de retroalimentación está en auge, se encuentra ahora en plena expansión y crecimiento y es algo que personalmente me tiene feliz y anonadada a partes iguales. Mantenía hace poco un debate con unas compañeras de las letras acerca de lo mucho que está cambiando la literatura lésbica (¿se puede denominar así? Confieso que yo prefiero llamarlo “literatura nuestra”) en los últimos años. Cada día hay más lectoras, cada vez surgen más escritoras con una historia que les quema en las entrañas, la cual están deseando contarnos y nosotras estamos encantadas de leer. Cada día hay más variedad de géneros, nos arriesgamos, apostamos por otras temáticas, por otro estilo de personajes, por dar un paso más allá.

 

Y así, gota a gota, paso a paso, lo que antes era impensable es hoy una realidad: nos encontramos con decenas de novelas con sello LGBT y un amplio catálogo donde elegir. Está ocurriendo y es gracias a todas nosotras…. autoras y, por supuesto, lectoras. Porque todo esto sería una quimera si no contáramos con vuestro apoyo. Se pueden escribir 1000 libros, emborronar páginas con cientos de caracteres, pero si no hay alguien, al menos una persona dispuesta a leernos, la literatura no existe.

Por eso quiero aprovechar para pediros que nos cuidemos, que sigamos creciendo en variedad, calidad y cantidad. Que apoyes la marca LGBT y la protejas como si fuera tuya, tu trabajo, porque en realidad lo es. Tuya y mía. Compra, difunde y recomienda libros para dar a nuestra literatura el respeto y el lugar que se merece. Y si tienes un manuscrito en mente, alma de escritora, no lo dudes y atrévete a sacarlo del cajón. Más gente de la que crees lo está esperando.

¿Puedes oírla? Yo sí… Escucha con atención: es una melodía nueva y mágica, es el sonido de los dedos contra un teclado y de las páginas al pasar, de los rodillos de una imprenta, de la comisura de tus labios sonriendo en un párrafo y de las lágrimas rodando por las mejillas. Es, en definitiva, el sonido de autoras, lectoras y editoriales (no se me olvida) unidos para que nuestra literatura se enriquezca cada día más. Ojalá entre todas sigamos componiendo esta partitura y armando mucho, pero que mucho ruido.

Gracias por tanto apoyo. Siempre vuestra,

E.M.

Adiós AfterEllen…

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Hoy me he despertado con una noticia muy triste: AfterEllen cierra sus puertas de manera indefinida. Y lo hará ya, en un abrir y cerrar de ojos, este próximo viernes. ¿La razón? Lo de siempre: AfterEllen no resulta rentable y a sus inversores no les ha temblado el pulso para echar la verja y dejar “huérfanas” a miles de lectoras de todo el mundo.

Es probable que alguna de vosotras no tengáis ni idea de qué es AfterEllen. Me sorprendería, dada su importancia en nuestra comunidad, pero no es un pecado desconocer su existencia. Baste con decir que fue una de las plataformas pioneras en web de entretenimiento lésbico, transexual y bisexual en habla inglesa.

Cuando hace cosa de tres años unas amigas y yo decidimos crear HULEMS, lo hicimos con la mente puesta en esta plataforma. AfterEllen era el reflejo en el que nos mirábamos en el espejo. Con muchos menos recursos, claro, pero una ilusión desbordante, deseábamos ofrecer algo parecido a la comunidad hispanoparlante: un lugar en el que CELEBRAR nuestra orientación sexual. Sí, celebrarla. Así de claro. ¿Parece un concepto extraño? Pues no lo es tanto, tal vez fuera incluso necesario. Queríamos, por tanto, crear una web escrita en español donde se pudieran leer noticias, artículos, reseñas de libros, etc, partiendo siempre de una emoción: sentirse orgullosas de lo que somos, celebrar que estamos vivas y conectarte, así, con muchas otras mujeres repartidas por el mundo que se sienten como tú, como yo.

Es por eso que el cierre de AfterEllen es, para mí y mis excompañeras de HULEMS, un tremendo jarro de agua fría. Con su marcha perdemos un referente, pero también un lugar que consiguió entretejer muchas historias y vidas, al mismo tiempo que nos mantenía informadas. De HULEMS han salido parejas, amigas, novias, compañeras, socias, sueños, proyectos, copas, noches en vela, matrimonios… y estoy segura de que AfterEllen también propició que se crearan estos lazos.

El hecho de que su adiós sea por una razón puramente económica lo hace, si cabe, todavía más penoso. No obstante, creo que su cierre reabre un debate que a mí me parece fundamental mantener vivo. Esto es, la necesidad de que cuidemos de lo nuestro. Lo primordial que es que apoyemos a nuestrxs creadorxs, nuestros bares, nuestros espacios, nuestras webs, nuestros libros, revistas, comics, películas, series, blogs, radios, asociaciones, plataformas, grupos y toda obra realizada por y para nosotras. Que lo apoyemos no solo moralmente sino también de facto, “recompensando” (económicamente ¡o de la forma que sea!) por su trabajo a quienes invierten su tiempo y esfuerzo en darnos estos rincones que son nuestros, parte de nuestra vida y de lo que somos.

De lo contrario, me temo que AfterEllen será solo la punta de un enorme iceberg. Así que aunque la noticia haya convertido este 21 de septiembre en un día triste, creo que deberíamos usarla para reflexionar sobre la importancia de proteger nuestros espacios, nuestro mundo. Para buscar el modo de que esto no vuelva a suceder. Para que no haya más AfterEllen que cierren sus puertas por razones puramente económicas o de cualquier otra índole.

Ojalá entre todas lo consigamos.

Gracias por todo, AfterEllen. Te extrañaremos.

 

 

Lo bueno, si breve, dos veces… malo

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¡Eso, bebamos para olvidar lo ocurrido!

Por eso de que siempre voy con retraso en enterarme de algunas cosas, fue ayer cuando me di cuenta de que ya no habrá más Faking It. Que sí, que ya lo sé: hay otras series (hello Orange is The New Black!) y más que estarán por venir, vale, lo acepto. Pero yo me siento huérfana. Estafada. Asqueada. Como si acabaran de darme la noticia de que alguien querido se me ha muerto en un accidente. Vale, tal vez esto sea el colmo de la hipérbole (lo es), pero no me negaréis que el hecho de que te cancelen una serie te hace sentir descolocada, como si de veras te acabaran de dar una inesperada y desagradable noticia.

Pero ya está… He visto el último capítulo de la serie y lo único que he pensado es: “¿En serio este ha sido el final de Faking It?”. Parece un episodio escrito así, deprisita y corriendo, como si Carter Covington tuviera una audiencia con Obama en el despacho oval de la Casa Blanca. O los agentes de la condicional lo estuvieran esperando para ingresar urgentemente en Guantánamo y, debido a ello, no pudiera detenerse a hacer algo decente, mejor que lo que hemos visto. Pero hasta en la cárcel se puede escribir, Carter. Hasta en la cárcel.

Cuando cancelan una serie de este modo, tan a la tremenda, de un día para otro, no me negaréis que una fan se siente como si acabara de perder algo. Al menos, yo, cuando he sabido la noticia, he estado revisando el suelo en busca de mis neuronas. Tenía miedo de que se me hubieran caído. No daba crédito.

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Carter dice “je, je, je, ilusas, je, je, je”.

Es decir, tal y como yo lo veo, con las series canceladas atraviesas varios estados emocionales: una invierte su tiempo y sus horas en ellas, se emociona (Faking It es totalmente un placer culpable y aunque lo niegues, lo sabes), la mima, la apoya, la difunde, paga por ello, shippeaSUFRE y de repente… ¡cataplof! La cancelan y te conviertes en una suerte de homicida en potencia. Todo el amor que tenías muta entonces en odio: odias al productor, la cadena, el guionista, dedicas tiernas palabras a la madre del dueño de la cadena y al padre del guionista, firmas peticiones para que no la cancelen bajo riesgo de amenaza y cuando vuelves en ti, cuando lo asumes y se te pasa el enfado… simplemente descubres que no ha servido de nada.

La triste realidad es que ya ni siquiera sé por qué me sorprende, puesto que siempre hacen lo mismo. Que te dejen huérfana de serie es algo tan habitual que si todos los fans decepcionados del mundo diésemos un salto al mismo tiempo, La Tierra se desequilibraría de su eje. Estoy convencida de ello.

En el apartado lésbico a mí ya me pasó en su día con Sugar Rush y le eché la culpa a los británicos. Ahora me ha pasado con Faking It y se la echo a los americanos. Pero en un mundo en el que las audiencias, los anuncios y el dinero lo son todo, supongo que el respeto a los fans es lo de menos. Y que la culpa, al final, la tenemos ¿todos? O a lo mejor un público al que no le interesan demasiado los asuntos románticos entre gays y lesbianas. Me atrevería a decir que por ahí va el asunto.

Mi único consuelo es que no me ha gustado en absoluto el final que nos tenía preparado Carter Covington. Ha concedido varias entrevistas al respecto. Si te gustaba Faking It, no te las pierdas porque te quedarás pasmada. *Spoiler* Amy y Karma compartiendo jardín delantero y sendas casas estilo Wisteria Lane parecía prometedor, pero… no, no era eso lo que queríamos, Mr. Covington. NO-ERA-ESO… *Fin spoiler*. Lo que sí le agradezco es que me haya ahorrado tanto sufrimiento con Amy. Por lo demás, siempre nos quedarán los libros Pseudo-FakingIt y Sugar Rush para lamernos las heridas de las series perdidas. Y más que vendrán… que a nadie le quepa duda de eso.

Versatile Blogger Awards

Recientemente A. M. Irún me nominó para los Versatile Blogger Awards. Como soy un poco torpe, no sabía muy bien en qué consistía esto, pero ella me lo explicó muy amablemente: contar siete cosas sobre mí en mi blog que no os haya contado antes. E invitar, además, a otr@s a que lo hagan. Le doy las gracias a la creadora de Nico, por favor por haberme dado este premio. Me sirve además para actualizar el blog, que es cierto que lo tenía muy olvidado, tal y como ella me recordó jaja.

No tenía ni idea de qué contar, así que he hecho un remix de nimiedades que puede que os interesen o no, pero que aquí están, como la ocasión requiere. Siete cosas sobre mí:

versatile-blogger-award

1. Soy la menor de tres hermanos y existe bastante diferencia de edad entre nosotros. Un día le pregunté a mi madre: “¿Lo mío fue un error o intencionado?” Y ella me contestó: “Mitad y mitad. Tuve que hacer trampas con tu padre para quedarme embarazada”. No sé qué tipo de engaño fue ese. Sé que no se trató de una infidelidad porque nos parecemos mucho los tres, por lo que necesariamente tenemos que ser del mismo padre. El caso es que da igual, se lo agradeceré eternamente. Te quiero, mamá. (¡Y a ti también, papá!)

2. No me considero escritora, sino más bien entretenedora (pero esa etiqueta no estaba disponible en el perfil de Facebook). A veces pienso que me gustaría escribir algo diferente a lo que hago. Algo serio o reflexivo. A lo mejor un drama. Pero no creo que pueda. Lo mío son los diálogos y la comedia -siempre lo han sido- y al igual que no podría ser de piel morena aunque quisiera, creo que tampoco podría escribir algo de gran calado. Quién sabe, a lo mejor cuando sea una viejita con muchas canas, artrosis e hipermetropía mi postura acerca de este tema haya cambiado. Todo es posible.

3. Cuando era pequeña mis profesores siempre querían que hiciera de Virgen María en la función del colegio. Incluso con cuatro años ya me negué a hacerlo. Yo era una enfant terrible, siempre he tenido un carácter fuerte y mi postura era clara: “No”, en todas las ocasiones. Fue un disgusto en mi casa (estoy exagerando). Os he comentado mil veces que soy una persona tímida y reservada y ya veis que no miento, incluso de pequeña lo era. No tengo Facebook personal ni me prodigo demasiado en redes sociales. Ser el foco de atención es algo que me espanta y, no obstante, soy una persona muy sociable. Contradictorio, ¿verdad? Mi mayor pesadilla sería que me vistieran de blanco y me pusieran en el centro de una iglesia, con todos esos ojos de los invitados de una boda mirándome. Si algún día queréis que me muera de un infarto, ese sería un buen método para conseguirlo. Afortunadamente, ya no tendré que pasar por eso.

4. La señorita que aparece en la fotografía de la tapa del libro de relatos Donde no puedas amar, no te demores, no soy yo. La editorial Egales se hizo un poco de cacao e insertó la imagen de la ilustradora de uno de los cuentos en donde correspondía la mía. No tengo el placer de conocer a esa señorita, pero le mando un saludo de todos modos.

5. Leo mucho. Bastante. Y soy una lectora rápida. Pero no tengo preferencia por ningún género. Lo mismo me encuentras con una novela romántica que con un serio libro sobre la Rusia leninista. Nunca cierro las puertas a un buen libro. O a uno malo, como parte del capítulo de placeres culpables, que en mi caso es muy extenso. Creo que es posible leer todo tipo de géneros siempre y cuando el lector no busque algo inexistente en ellos. Me refiero a que un romance es un romance, no un tratado de filosofía. Y un libro sobre la guerra nunca va a ser divertido. Si abordamos una lectura con falsas expectativas, el batacazo puede ser importante. O al menos así me lo planteo yo cuando me lanzo a leer y analizo las portadas para hacerme una idea de lo que puedo encontrarme.

6. Soy curiosa por naturaleza. Si veo algo en la televisión, un libro o una conversación, que llame mi atención, enseguida estoy buscando más datos en Internet. Eso me ha llevado a saber cosas ¡REALMENTE ABSURDAS!, como que Justin Bieber es piscis y su última conquista es una escorpio. Y ya me diréis para qué c** me sirve a mí saber algo así si no me gusta ninguno de los dos….

7. Bolas extra: Me encanta el tenis, soy una gran fan y lo practico si puedo. Mi padre dice que podría haberme dedicado profesionalmente a ello. Aunque también dice que podría haber sido arquitecta o pintora… Llamémosle amor de padre, supongo. Pero a lo mejor algún día escribo una novela ambientada en este deporte. Me gustan los animales y creo que a ellos también les agrado, por extraño que suene esto. No sé cantar y además lo hago fatal, aunque nací con buen oído para los idiomas. Tengo un mejor amigo y una mejor amiga desde hace por lo menos quince años; nos conocemos tanto que ya da un poco de asco. He vivido en varios países y en varias ciudades españolas. Veo tantas películas que en ocasiones me quedo sin títulos y pienso “¿y ahora qué?”. Mi reino lo daría por viajar (adoro conocer otras culturas). A veces siento que mi mundo gira demasiado rápido. Soy una persona inquieta, de movimientos rápidos, de acciones rápidas, de pensamientos ídem. ¡IMPACIENTE! Así que me cuesta horrores pararme a respirar y tomarme las cosas con calma. Aunque en ocasiones lo logro. Bien por mí 🙂

Y ahora el capítulo de nominaciones. Como no podía ser menos, nomino a Clara Asunción García, mi amiga,para que nos cuente alguna batalla que estoy segura de que será de lo más interesante.

Gracias por haber leído. Espero que al menos os haya resultado ameno este yoístico viaje. Un abrazo.

 

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