350 ovejas

Pocas veces hablo de política si no es en un contexto de ficción encerrado en las páginas de un libro. Pero hoy no puedo quedarme callada ni contener el impulso después de haber visto la sesión fallida de investidura que ha tenido lugar en España a las 19:00 horas.

Ovejas. Muchas ovejas.

Esto es lo que visto hoy en la votación. 350 ovejas para ser exactos.

ovejas

Lejos de entrar a valorar el acuerdo PSOE-Ciudadanos que había sobre la mesa (tema en el que no ahondaré porque cada cual es libre de apoyarlo o no), me apena ver que de 350 escaños que tiene el Congreso de los Diputados de España, ni una sola de las personas que los ocupan (¡ni una!) haya roto la disciplina de su partido votando algo contrario a lo que les indicaron sus líderes. Los miembros del PSOE votaron lo que les ordenó el PSOE. Los del PP lo que el PP quería. Y lo mismo con Ciudadanos, Podemos, ERC… etc. Es decir, que de las 350 personas que componen el hemiciclo, ¿tenemos que creernos que todos están de acuerdo con la decisión tomada por sus partidos? ¿Ninguno ha dudado? ¿Ninguno veía con buenos ojos lo que otros de sus compañeros consideraban horrible? ¿Dónde se ha quedado entonces la diversidad? ¿El subjetivismo? ¿La libertad de expresión? ¿Existe en política acaso?

A la vista de los resultados, me temo que no… porque el resultado de esta votación para mí solo indica una cosa, un hecho que me parece realmente triste: que en los escaños del Congreso no hay sentadas personas, sino partidos. Y ovejas, muchas ovejas que no quieren o no se atreven a tomar una decisión distinta de la manada, porque saben a lo que se exponen si van en contra de lo que les exigen. La disciplina de voto ha convertido a nuestros diputados en seres homogéneos, dóciles, disciplinados, un ejército a merced de los intereses de un partido, pero en ningún caso de los ciudadanos. Y esta es la parte más grave, el constatar que gobiernan para ellos mismos, pero no para nosotros, sea cual sea el acuerdo/escenario.

Y ya, aquí acaba este post. No os doy más la tabarra con la política. Pero es que tengo a Esther Morales cabreada y si no lo escribía creo que renegaría de mí como autora. Lara os manda saludos también, pero ella en este caso ha optado por la abstención.

España va beeeee 🙂

 

 

 

Anuncios

Club de lectura

fyabc_goldengirls__span

Mis compañeras y yo. Obviamente.

Empiezo el año sumándome a un club de lectura de una librería que hay cerca de mi casa. La verdad es que siempre he querido formar parte de algún taller así, pero nunca sacaba tiempo para hacerlo, por lo que estoy muy contenta y con muchas ganas de empezar.

Me gusta comprobar que no he leído ninguno de los libros planeados para los siguientes tres meses, y no puedo esperar a la primera sesión. Dice la coordinadora que el taller está compuesto por lectores ávidos, de los que disfrutan desgranando hasta el más mínimo detalle de cada novela. Nunca se me había ocurrido hacer un ejercicio así con los libros que leo. Soy más de disfrutar de cada página y seguir, a bocados, hasta que los acabo, por lo que me va a resultar interesantísimo este otro modo de leerlos. Será como leer con otros ojos. Además, ya se me ha disparado la imaginación, y me imagino con una taza de café, escuchando las aportaciones de mis compañeras de taller (¿no había un libro sobre esto? ¿Tal vez una película?).

En definitiva, que estoy contenta e ilusionada; tengo la sensación de que, además, aprenderé mucho sobre literatura y maneras de escribir. Y como no he tenido ocasión de decirlo antes, os deseo una maravillosa entrada en 2016. Yo me atraganté con las uvas y no fui capaz de comer más de cuatro. Espero que eso no sea indicativo de nada ;P

F.A.Q (o preguntas que soléis hacerme a menudo)

FAQ-orange-300x157

Tengo el blog muy abandonado. Demasiado. Estas semanas confieso que no he tenido mucho tiempo para comunicarme con vosotras, y tampoco demasiado que decir. Por eso se me ha ocurrido dejaros una respuesta a las 10 preguntas que me hacéis a menudo, una especie de F.A.Q rápido en el que a lo mejor encontráis la respuesta que buscabais.

  1. Pregunta: Soy de Chile, Perú, Bolivia, Panamá y un sinfín de nacionalidades que no puede adquirir tus libros en Amazon. ¿Qué hago?
    Esta era una de las cuestiones que me preocupaba especialmente, no por temas económicos, sino porque me entristece ver que muchas de vosotras no podéis adquirir libros de manera fácil. Por eso he llegado a un acuerdo con la Editorial Egales para que distribuya mis novelas en su página web y librerías asociadas. Están en formato ebook (epub), pero resuelve parte de la problemática. Más info, aquí: http://www.editorialegales.com/autores/emma-mars/10498/
  2. Pregunta: ¿Habrá una secuela de 101 razones para odiarla?
    En principio, no. En su día valoré hacer una continuación que se llamaría 101 razones para amarla o 101 razones para quererla, pero fue una locura transitoria. En realidad, si tengo que ser sincera, no encuentro de qué modo se podría continuar la historia de Olivia y Claudia sin caer en el aburrimiento. Para mí el argumento principal de esa novela giraba en la idea de que del odio al amor hay solo un paso. Una continuación sería como tropezar en el oportunismo de muchas secuelas innecesarias en las que se introduce un drama (por ejemplo, que cortaran su relación; véase: “Ocho apellidos catalanes”) solo como excusa para una segunda parte. Sin conflicto, no hay historia, esa es una de las reglas de oro. Pero es que Olivia y Claudia nunca han cortado. Al menos, no en mi cabeza. Si habéis leído Políticamente Incorrectas 2 (atención: spoilers) sabréis que lo suyo acabó en boda. Los detalles de cómo ocurrió solo los saben ellas dos. Habría que preguntárselo (o imaginarlo).
  3. Pregunta: Me gustó la continuación de Políticamente Incorrectas, aunque me faltó más carga romántica entre las protagonistas.
    Es totalmente comprensible, si bien no estoy del todo de acuerdo. Políticamente Incorrectas no nació para ser una novela romántica. Sí, existe una historia de amor. Sí, es importante en la historia. PERO no es determinante. Cuando concebí estas dos obras tenía muy claro que no deseaba centrar toda la acción en el romance entre Lara y Esther, sino convertirlo en una especie de trama secundaria. Considero que dentro del género puramente romántico (chica conoce a chica), hay mucha variedad de obras, y en este caso preferí optar por una trama política como eje central de las novelas. De ahí que no hayais encontrado en ellas más pasajes románticos entre las protagonistas.
  4. Pregunta: ¿Habrá continuación de Con nocturnidad y alevosía?Es muy probable que sí, aunque de haberla, me lo plantearía como una serie de relatos, no como una novela. Mi idea es intentar acercaros más a los personajes (algo en lo que humildemente creo que he fallado con la primera entrega), para que los hagáis vuestros y conectéis con ellos. En caso de que la musa me acompañara, mi intención es que los personajes vayan haciendo de las suyas en diferentes relatos largos, en situaciones diversas. Hay una continuación a medio escribir que provisionalmente se titula Mónaco, y en ella podemos ver a nuestras protagonistas intentando estafar a alguien en el Principado monegasco.
  5. Pregunta: ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Para cuándo la siguiente novela?Actualmente me encuentro en barbecho, planeando cuál será mi siguiente obra. Tengo dos ideas flotando en mi mente, pero ninguna se ha hecho REAL todavía.
  6. Pregunta: ¿En qué orden escribiste tus novelas publicadas? ¿Tienes más en el cajón?1. Será nuestro secreto 2. 101 razones para odiarla 3. Políticamente Incorrectas 1 4. Políticamente incorrectas 2
    Tengo otras dos novelas escritas, pero no me encuentro cómoda con el resultado, así que dudo mucho de que lleguen a ver la luz del día.
  7. De los que has escrito, ¿cuál es tu libro favorito?No tengo favorito, todos son como mis hijos y está feo elegir en la familia, pero al que sí le tengo mucho cariño por la cantidad de horas que me estuve riendo mientras lo escribía es a 101 razones para odiarla. Tal vez no sea el libro mejor escrito del mundo (no lo es), pero me lo pasé tan bien escribiéndolo que eso no tiene precio. Además, tiene un valor personal muy especial para mí por otros motivos.
  8. Pregunta: ¿Tienes alguna autora LGBT favorita?Tengo varias. En inglés, me gustan mucho Gerri Hill y Georgia Beers por su capacidad para conectarme con sus romances. Creo que nadie construye UST (unresolved sexual tension) como ellas. En cuanto a españolas, sé que es políticamente incorrecto elegir, pero si tengo que hacerlo me quedaría con Susana Guzner, Susana Hernández y Clara Asunción.
  9. Pregunta: ¿Es Clara Asunción tu amiga?Es mi amiga y mi madrina literaria. Clara fue quien me dio una llamada de atención y me “exigió” que me lanzara a publicar. Si no hubiese sido por ella, tal vez todos mis libros siguieran en el disco duro de mi ordenador. No tal vez, seguro que seguirían allí, así que me siento profundamente agradecida de su “injerencia” en mi vida literaria.

¿Qué es “Será nuestro secreto”?

¿Qué es? Un secreto, obviamente. ¿Pero qué más? Pues la primera novela que escribí, allá por esas épocas en las que prefería guardar borradores en el cajón porque nunca pensé que iban a ver la luz.

Sera Nuestro Secreto portada

Será nuestro secreto fue la primera vez que me lancé a escribir algo mío, de mi autoría, con sus personajes, sus escenarios, sus diálogos, por lo que para mí es un libro especial porque con él empezó esta locura de escribir. Y ahora va a ver la luz gracias a Egales, la editorial que ha decidido sacarla del cajón para dejarla en vuestras manos. ¡Gracias!

¿La historia? Yo diría que un romance muy a la americana o a la inglesa, de esos que transcurren en la verde campiña británica, en donde la chica conoce a la otra chica, con lesbianas famosas de por medio y otras que no lo son tanto (ni lesbianas ni famosas). En resumen, es un romance de los que (espero) te hacen pasar un rato agradable si eres aficionadx a este género, y en el que percibiréis un cambio de registro con respecto a mis dos últimas obras de la saga Políticamente Incorrectas.

¿Para cuándo? La fecha de publicación es el jueves 19 de noviembre. Lo podéis adquirir ya a través de la Editorial Egales y previsiblemente también en Amazon a partir del jueves.

Mudar como las hojas de los árboles

1838157_f520

No sé vosotrxs pero yo estos días hago como los árboles en otoño: mudo hojas, cambio de color, una parte de mí se muere para que renazca otra. Al igual que todas esas personas que cuando llega el 31 de diciembre rellenan libretas con sus propósitos de año nuevo, esta suerte de catarsis se produce en mí con el final del verano. Desconozco a qué es debido, pero como una colegiala, el comienzo de un nuevo curso para mí siempre es a finales de septiembre. Ahora es cuando hago planes, me marco metas, ideo objetivos y repaso todo aquello que no alcancé con respecto al otoño anterior. Llegará enero, pero yo ya tendré los deberes hechos. Será porque siempre me han encantado los árboles, los cuales contemplo desde niña con auténtica fascinación. Tienen algo de perenne, pero también de eterno. Como la vida. Como los recuerdos.

¿Habéis hecho ya vuestros propósitos del año curso nuevo o preferís esperar a enero?

De paseo con Esther y Lara

20150821_181741

Alguien cerró el Ayuntamiento en verano. ¿Estará Diego Marín detrás de todo esto?

Hace unos meses recibí una reseña muy interesante. Una lectora me comentaba que en Políticamente Incorrectas le había fallado la ambientación. Que al leer el libro, le pareció que Móstoles se representaba como una ciudad mucho más gris de lo que es. Este comentario me dejó pensativa. Había estado en la ciudad de Esther Morales varias veces, pero hace mucho, mucho tiempo, y a lo mejor empezaba a ser hora de volver por allí. Así que este verano aproveché un viaje para hacer una parada técnica en Móstoles.

Aparqué el coche en la calle de la Independencia. Paseé por la Avenida del Dos de Mayo. Me senté en un banco a observar a los transeúntes. Subí las escaleras hasta su Plaza de España. Sonreí al encontrarme con el Ayuntamiento, y me tomé una Coca-Cola justo enfrente, momento en el cual creo que perdí la poca cordura que me queda porque empecé a imaginar que Esther y Lara bien podrían haber estado allí, haciéndome compañía…

20150821_181821

Si no las veis es porque están sentadas a mi lado.

El resultado de mi visita espero que se vea plasmado en Políticamente Incorrectas 2. No quiero adelantar nada, pero está ya casi en su punto de ebullición. Tiene en torno a 300 páginas y, por el momento, es el libro más largo que he escrito, un hecho que me inquieta, os lo confieso, porque no sé hasta qué punto voy a ser capaz de mantener viva vuestra atención durante tantas páginas. Humildemente, espero conseguirlo.

La fecha de publicación no está clara todavía. Pero os puedo asegurar que será antes de lo previsto. En cualquier caso, antes de que empiece el invierno estará disponible para quienes deseen saber el desenlace de la historia de Esther y Lara. Cuenta con nuevas intrigas políticas inesperadas, y vuelve el tira y afloja de la alcaldesa y la periodista. Ojalá os animéis a acompañarme en esta nueva aventura. Os mantendré informadxs de fechas y detalles 🙂

Besos adolescentes

faking it

Hace algún tiempo fui testigo de una de las escenas más bonitas que haya visto en mi vida. Iba yo caminando con los cascos puestos, no recuerdo qué música sonaba, pero sí que el volumen estaba muy alto. Me dirigía al gimnasio, mochila al hombro, gesto de despistada. Normalmente, cuando hago esto nunca voy pendiente de nada. Como además soy miope, si me encuentro con alguien conocido, suelo quedar como la loca huraña que ni siquiera saluda. Ese día, no obstante, vi algo que me hizo detenerme en seco. A los pies de una estatua conmemorativa, en pleno centro de la ciudad, dos adolescentes se comían a besos con tal ternura que resultaba difícil no reparar en ellas. Eran apenas unas niñas, ninguna tendría más de 16 años. Vestían uniforme de colegio privado, la falda de tablas, los calcetines altos hasta la rodilla, zapato castellano, el pelo largo y perfectamente peinado. Para más señas, recuerdo que una era rubia y otra morena, y aunque ni siquiera daban las seis de la tarde parecían ajenas al hecho de que se estaban devorando a besos a plena luz, en un lugar muy transitado a esas horas del día. No se escondían ni deseaban hacerlo.

No soy persona de sacar fotografías a cada escena que llama mi atención, pero en ese momento deseé tener una cámara con la que retratar el momento. Lo curioso es que no fue ni siquiera porque se tratara de dos adolescentes, ni por sus besos tiernos, ni por su inocencia y desvergüenza. No quise retratarlas por sus uniformes de niña buena ni porque fueran una pareja lésbica enternecedora. Os juro que no fue nada de eso. Quise capturar el momento porque justo al lado, apenas a un metro de distancia, dos infantes de unos dos años, tambaleantes en su inestable caminar, jugaban como si aquella pareja fuera lo más normal del mundo. Y sus madres, sentadas en un banco, solo estaban pendientes de los divertidos pasos de sus retoños; en ningún momento protestaron, se apartaron o siquiera prestaron atención a las muchachas que se comían el alma a besos.

Me pareció una escena tan increíble que incluso bajé el volumen de la música y tardé un buen rato en darme cuenta de algo inexplicable: la única que las estaba mirando era yo. La plaza bullía atestada de familias, pero solo yo las observaba embobada. Increíble pero cierto, ¿no creéis? Me ruboricé, sonreí y seguí andando, pero ese día me fui feliz al gimnasio, convencida de que entre todos estamos consiguiendo que este sea un mundo mejor, más libre. Lleno de hambriendos besos adolescentes de ambos géneros, da igual con cuál. Como debería ser. Como siempre debería haber sido.

La importancia de llamarla novia

Si eres un miembro del colectivo LGBT seguro que te has encontrado alguna vez en una situación paracida a esta. Pongamos un escenario: un hospital. Pongamos dos protagonistas de la escena: tú y tu novia/mujer/pareja.  Pongamos que una de ellas tiene que hacerse una intervención. No es a vida o muerte, no hace falta dramatizar. Solo una operación rutinaria en la que, por supuesto, te acompaña tu familiar más cercano. Hasta aquí, todo en orden. Nada fuera de lo normal. Médicos, enfermerxs, celadorxs, lo típico de un hospital. La complejidad del asunto llega cuando alguien dice a voz en grito: “¡Familiares de… (pongamos Emma Mars)!” y de entre las sombras aparece, claro está, la mujer con la que compartes tu vida.

Este es el punto de inflexión en el que el argumento de esta novela da un giro inesperado. En ese instante tú la miras, ella te mira, os sonreís. No obstante, el personal del hospital acaba de caer en un oscuro pozo de incomprensión que percibes en ligeras caídas de mandíbula y pestañeos automáticos durante los dos/tres segundos que tardan en COMPRENDER que compartís techo (y lecho). Aquí es donde empieza esta trampa de diccionario, pues, curiosamente, que hayan comprendido que sois pareja no implica que sepan cómo dirigirse a tu familiar más cercano ni qué título darle. 

Si has vivido algo parecido, habrás pasado por situaciones en las que los responsables hospitalarios te hacen preguntas que se quedan colgadas en el aire con la esperanza de que tú las autocompletes; preguntas del tipo: “¿Es tu amiga o…?”.

A lo largo de la visita médica darán por sentado que la persona que te acompaña puede ser tu hermana, tu prima, tu compañera de piso o tu amiga, pero nunca tu compañía romántica. Y si por casualidad se les pasa por la cabeza que compartes tu vida con ella, la falta de naturalidad y el pudor a llamar a las cosas por su nombre, provocarán que hagan uso de todo tipo de eufemismos, algunos de ellos incluso ofensivos.

vocab

Recuerdo que en una situación muy parecida yo tuve que aguantar que una enfermera se acercara a mí para decirme:

“Tú eres la de la chica que está esperando, ¿no? Está muy nerviosa tu amiguita“.

AMIGUITA. Os juro que no se me ocurre una manera más peyorativa para referirse a tu pareja. Este eufemismo de mujeres muy siglo XX que solo salen de sus casas para visitar el ultramarinos o colgadas, ufanas, del brazo de sus esposos, suele ser empleado por quienes no tienen los arrestos necesarios para decir “amante” o…. simplemente “PUTA”.

Comprendo que la enfermera estaba intentando ser cariñosa  al calificar a mi mujer de mi amiguita, pero yo, simplemente, no podía dar crédito. Tal vez porque no acierto a imaginar la cara que pondría una mujer heterosexual si alguien se refiriera a ella como la “amiguita” de su marido. Bueno, miento, sí me la imagino. Doy por sentado que se sentiría profundamente ofendida. Pensaría, alma de cántaro, que la están llamando prostituta y lógicamente no la culpo por ello.

britney confused gif

Este tipo de situaciones hacen que te preguntes qué le ocurre a la sociedad. ¿Qué problema tienen con el vocabulario? En pleno siglo XXI, gays y lesbianas hemos llegado a una especie de acuerdo tácito con los heterosexuales para que nadie nos grite barbaridades a la salida de un Registro Civil o Ayuntamiento. Hemos conseguido que las parejas LGBT se cojan de la mano sin que nadie (generalmente) les escupa a su paso. Nuestros amigos y familiares, superada la sorpresa, te preguntan por tu media naranja con normalidad. Entonces… ¿a qué viene tanta torpeza de vocabulario? ¿Por qué la gente sigue teniendo miedo o pudor a referirse a tu pareja como NOVIA, MUJER O ESPOSA?

Es como si nadie se atreviera a ponerle nombre a lo que somos. 

6c2cfcec-457e-4bc5-8694-5c71cdf64850

Mi propia madre, sin ir más lejos, se sigue refiriendo nosotras en segunda persona de masculino plural. Son tantas las veces que dice vosotrOs, en lugar de vosotrAs, que se ha ganado varias reprimendas por mi parte. Pero en su defensa diré que mi madre suma muchas décadas en cada pierna y además forma parte de una generación para la que hasta hace poco era impensable e incluso peligroso apoyar este tipo de relaciones. ¿Pero qué excusa tiene el resto de la población? ¿Qué pueden decir en su defensa jóvenes y adultos que apoyan nuestros derechos pero no se atreven siquiera a ponernos nombre?

En un escenario como este, creo necesario hacerles comprender que no somos “amiguitas” ni “compañeras”, y si me apuras no somos siquiera “pareja”, porque este término está tan a caballo entre la tierra del XX y la del XY que no acaba de ser claro. Así que no. No somos nada de eso. Somos novias, esposas y mujeres, y es importante, fundamental, que empecemos a llamar a las cosas por su nombre. La aceptación y la igualdad pasan también por utilizar los mismos términos que los heterosexuales para referirse a tu pareja y a tu modelo de familia. De lo contrario, pareciera que somos menos, diferentes, un caso extraño, entes de tres cabezas que necesitan medicación especial. Y no lo somos.

Al menos, yo tengo claro que lo mío es un “matrimonio” y no una “unión”; que mi pareja es mi “mujer” o mi “esposa”, no mi “compañera” (ni mucho menos mi “amiguita”). Así que la próxima vez que alguien te pregunte: “¿Es tu compañera?” te invito a que no te conformes a decirle que sí por pudor o pereza. Te animo a que recuerdes la importancia del vocabulario y les respondas con la verdad, si quieres. Diles: “Por supuesto que es mi compañera, pero sobre todo es mi novia”.

La paradoja del argumento de la no tan hetero

Una de las cosas que más llamó mi atención cuando mi mujer y yo decidimos compartir piso fue su amplia biblioteca lésbica. Os lo aseguro: no he conocido a nadie que haya leído tanta novela de género como ella. En comparación,  yo soy una becaria con pretensiones, que se ha leído una obra aquí y allá. Pero ella se lo ha comprado TODO. Y cuando digo todo me refiero a que varios estantes de las estanterías de nuestra casa los ocupan decenas de libros lésbicos adquiridos en editoriales que todas conocemos. Encargadas de Egales, si me estáis leyendo, en mi pareja tenéis a una de vuestras principales inversoras. Tomad buena nota de ello 😉 Afortunadamente, las dos somos muy eclécticas en cuanto a las lecturas que escogemos. Me refiero a que junto a títulos de las conocidas Gerri Hill, Lola Vanguardia o Georgia Beers conviven todo tipo de obras de diverso calado. Pero los libros lésbicos siempre están allí, llamándome, esperando a que tenga un día de esos en los que digo “venga, voy a coger uno cualquiera y me lo leo del tirón”.

10

Imagen aérea del salón de nuestra casa.

El otro día hice eso mismo. Me decanté por Nunca digas Jamás, una obra de Linda Hill, traducida por Egales. Me la acabé en dos días. Es una novela bien escrita, que se lee con soltura y con la que pasas un buen rato porque cuenta con un argumento que a todas nos resulta familiar. A saber: mujer lesbiana conoce a mujer no tan hetero que a lo largo de las páginas descubrirá que siempre se ha engañado a sí misma en lo referente a su orientación sexual. Saltan las chispas entre ellas. Se produce el típico tira y afloja, y, finalmente, fuegos artificiales… fueron felices, comieron perdices y la no tan hetero descubre que el amor de una mujer es lo que siempre había deseado secretamente, que no hay nada mejor en la vida. ¿Cómo puede ser que tardara tanto en darse cuenta?

Siento haberos arruinado su desenlace, pero necesitaba ponerlo para explicaros la paradoja que encontré gracias a este libro, la revelación que tuve al finalizarlo. Y es que cuando cerré la tapa y lo di por concluido me quedé mirando el techo, con la inevitable sensación de que me gustaría haber leído el mismo argumento pero con un giro más realista. Entonces me dirigí a mi pareja y le pregunté algo muy sencillo:

“¿Alguna vez te has encontrado un libro que hablara justamente de lo contrario?”

Ella frunció el ceño y me pidió que me explicase, sin comprender a qué me refería. Así lo hice. Le comenté que, aunque yo no me considere una experta en el tema, sí he leído suficientes novelas lésbicas para darme cuenta de que este argumento de la no tan hetero se ha repetido en infinitas ocasiones (sin ir más lejos, yo lo he hecho), pero que lo que me “falla” no es el argumento en sí porque puedo comprender que la literatura tiene un gran componente de fantasía, anhelo y sueños. Así que entiendo perfectamente la necesidad de sentir esperanzas a través de unas páginas. No, esto no es lo que me chirría. Lo que me falla es la manera de abordar el tema.

Es decir, todas nos hemos enamorado alguna vez de una heterosexual. Todas hemos saboreado las amargas mieles de un amor imposible como este, que no puedes evitar aunque SEPAS que no llegará a buen puerto. Ningún problema hasta aquí; mal de muchas, consuelo de pocas. PERO la realidad es muy diferente a la ficción. La realidad nos dice que a lo mejor de 100 casos de un enamoramiento de una lesbiana por una hetero, quizá solo un 1% acaban bien. No tengo datos estadísticos (si alguien los tiene, los espero con gusto), pero sí muchas amigas que han acabado con los corazones rotos y riéndose de su estupidez por intentar “convertir” a una hetero al lesbianismo con la promesa de que nunca ha probado nada mejor. Así que me sorprende que nadie haya escrito sobre eso. Me fascina ver que este argumento las autoras siempre lo abordamos desde una ilusoria visión optimista en la que la hetero descubre que en realidad le gustan las mujeres.

En la vida real es muy diferente. Sufrimos. Lloramos. Guardamos secretos. Pataleamos. Y sobre todo, vemos signos equívocos en todas partes. Hablamos con nuestras amigas de todo lo que hace la hetero, todas las señales que nos envía y que te hacen mantener la esperanza. “¡Tiene que entender! Es que yo creo que en el fondo le gustan las mujeres porque mira lo que me ha dicho. ¿Tú qué opinas?”. He escuchado mil veces algo parecido. Ha salido de mi propia boca en el pasado. Después… pasa el tiempo, pones la cordura y la distancia necesaria, tu enamoramiento se diluye y puedes reaccionar de dos maneras: está la lesbiana que lo recuerda con el corazón magulladito, sus cardenales de amor todavía visibles, y la que se ríe de sí misma por haber sido tan ilusa. Y eso es lo que a mí me gustaría leer en un libro. Me encantaría abrir algún día las tapas de una historia lésbica que me contara ese proceso esquizofrénico que atravesamos muchas lesbianas cuando nos enamoramos de una hetero. Porque es una locura (autoinducida en muchas ocasiones), y os aseguro que en ciertos casos resulta hasta divertido recordarlo.

Lo que intento decir es que no tendría siquiera que ser un libro dramático, ni un sufrimiento para la lectora. Se puede abordar con todo el sentido del humor del mundo, pero también con todo el realismo que la vida impone. Una cosa está clara: mi mujer, que es una versada en el tema, respondió a la pregunta con un “no” rotundo; nunca ha leído una obra lésbica con este planteamiento, ni siquiera sabe si existirá alguna. Así que… amigas autoras y aspirantes a serlo: lanzo la petición de ver algún día una novela de género con este argumento. Seguro que más de una se sentirá identificada con él aunque los personajes no acaben siendo felices y comiendo perdices. Y lo que es más importante: las lectoras jóvenes, aquellas que todavía no han sufrido algo similar o que lo están padeciendo en ese momento, se sentirán inmensamente agradecidas de ver que no son las únicas y desecharán las falsas esperanzas que algún día albergaron. Así que… ¿Alguien se anima?

¿Puedo convertir tu libro en un fanfic?

fanfics

Me ha ocurrido ya varias veces que lectoras se han puesto en contacto conmigo para preguntarme (muy amablemente, eso sí) si les daba permiso para adaptar una novela mía con el objetivo de convertirlo en un fanfic. Sé que otras colegas del gremio han pasado antes por el trance de tener que decir que “NO” a este tipo de adaptaciones. Y digo trance porque a una no deja de darle reparo ponerse “a malas” con alguien que te dice previamente lo mucho que le ha gustado tu libro para, acto seguido, preguntar: ¿Puedo convertirlo en un fanfic?

A mí siempre me ha llamado la atención este tipo de peticiones. Yo fui ficker durante muchos años y, no sé, durante ese tiempo no salió de mí contactar, por decir alguien, con María Dueñas para decirle que me había gustado tantísimo El tiempo entre costuras que pretendía cambiarle los nombres a los personajes para convertirlo en un fanfic de Crepúsculo. O de Harry Potter. O de Glee. ¿Qué sentido tiene?

Puedo entender que los lectores de fics deseen ver a sus personajes representados en todo tipo de historias. ¡Claro que puedo comprenderlo! Como digo, yo contribuí a ello en su momento. Y por supuesto, no estoy en contra de los fics, en absoluto. De hecho, creo que enriquecen las obras de los autores originales porque les dan una perspectiva diferente, una diversidad que al propio autor le sería imposible plasmar en su totalidad.

Los fanfics abren puertas a un mundo de posibilidades. Convierten a personajes hetero en personajes LGBT. Concluyen historias de amor no terminadas. Los hay para amantes del slash, del femslash, del angst, del fluff y del sadomasoquismo. Para todos los gustos. Plasman, en definitiva, romances y otras tramas que jamás se darían en el manuscrito original. Además, entre toda la maraña de fics de andar por casa en ocasiones te encuentras con verdaderas maravillas. Así que si una lectora me preguntara: ¿Me dejas ESCRIBIR un fanfic sobre tu libro? Respondería sin pestañear: Sí. Adelante. Hazlo. Pero, en mi opinión, una cosa es ESCRIBIRLO y otra muy diferente TRANSCRIBIR una novela cambiando los nombres de los personajes. Y es que no hay nada creativo en transcribir, no aporta absolutamente nada, es ofensivo para el autor e incluso para los escritores de fanfics que dedican tiempo y esfuerzo en recrear un mundo nuevo para esos personajes.

fanfics2

En mi opinión, la transcripción solo contribuye a que aumente la cantidad de plagios que se dan a diario. Porque eso es lo que es, un plagio, lamento tener que decirlo así, sin rodeos. Da igual si la autoría original queda clara en el fanfic transcrito, o si el transcriptor se concede licencias creativas en diferentes pasajes para que la adaptación se ajuste al fandom. No dejará de ser un copia/pega de las palabras de otro.

Se agradece, no obstante, que alguien pida permiso primero, antes de hacerlo. De verdad. Es infinitamente mejor que toparte con una obra tuya copiada palabra por palabra en Fanfiction.net o en cualquier otra plataforma. Así que solo puedo darle las gracias a las lectoras que se han tomado la molestia de contactar conmigo buscando mi beneplácito antes de ponerse a ello. Con lo fácil que es copiar y pegar en esta era digital, es toda una muestra de respeto pedir permiso primero. Pero mi opinión sigue siendo la misma.

Pienso que si los lectores de fics quieren leer cualquier libro pero con los nombres cambiados, pueden hacer uso de esa potente arma llamada imaginación. Tomar el original, abrirlo, y cambiar los nombres de los personajes mentalmente cada vez que deseen que Esther se llame Hermione; Claudia Ginny y Lara Bella. O simplemente… leer la obra tal cual está. Eso también enriquece. Quizá todavía más. Esta autora que en su día fue ficker, os lo recomienda.

Nico, por favor

Descarga el ebook de la novela Nico, por favor

Mirador estropeado

Aprendriz de vigía

Una chica de Marte

El blog de Emma Mars

De Princesas y Meigas

Relatos y Otras Historias

Atrezo y Esbozos

El Cuaderno de Lily

En vivo

Sitio personal de la escritora Mónica Martín

Iris Grace

Iris Grace Painting

Disforia Sexual en San Francisco

Literatura y otras cosas que quieren parecerse a ella

Blogracho

y alcoholizado de palabras

laprofesobreviviente

Mejor es vivir para contarlo

claraasungarciablog

Este sitio WordPress.com es la caña

Eley Grey

La educación y la visibilidad son las herramientas para conseguir la naturalidad